Seres raros


En este mundo tan amplio y donde hay tantísima variedad de especies, tiene que haber seres raros de lo más variopinto.

        Uno de los más curiosos y conocidos es el ornitorrinco: cola de castor, pico de pato, y un espolón trasero que expulsa un veneno altamente doloroso. Otro, el antílope "saiga" tiene una nariz parecida a la trompa de un elefante.

        Y muchísimos seres raros más. Pero sin duda, el más raro de todos ellos es el ser humano. Los hay que tienen la cabeza con pelo, calvos, con diferentes tamaños en altura y anchura, al igual que las orejas y la cabeza (en la que, a algunos, le salen cuernos), con ojos de distintos colores. Y en el resto del cuerpo no es diferente: en la cara les salen patas de gallo, en los brazos codos de tenista (algunos con raqueta y todo), piel de naranja, de gallina, pájaros en la cabeza, etc. Y todo ello lo aderezan con tatuajes, piercings, tuercas, pinchos, se estiran la cara, se ponen pecho, culo, se hacen liposucciones, se ensanchan los labios, se rompen la ropa, se la acortan, se la alargan. Me río yo del pavo real que se cree tan guapo.

        Pero si hay algo que me llama la atención en todos estos seres raros es que solo tienen un corazón, especialmente en el ser humano. Sí, este que es capaz de llegar a otros planetas, y "se olvida" de lo que pasa aquí.  Es como empezar un proyecto sin haber acabado otro. Y cuando se abre uno y otro y otro sin cerrarlos, pasa lo que pasa en este mundo: que todo es un caos, (donde mientras unos tienen barcos de oro y tiran enormes cantidades de dinero en fiestas con asistentes que son chusma y no tienen principios, donde para ellos triunfar en la vida en tener tantísimo dinero que no tengan más preocupación que decidir dónde y cómo gastarlo, otros mueren sin haber sabido ni siquiera a qué han venido a esta cloaca, sin haber tenido siquiera tiempo de abrir los ojos, de morir antes de nacer).


        Pero, visto lo visto, mejor que tengamos un solo corazón. Los que amamos la vida, los que queremos disfrutar de este regalo que no sabemos quién nos otorgó, lo sentimos latiendo cada vez que nos enamoramos de otro ser humano, del cielo, de las aves, del agua del mar; de los ríos y la lluvia; de la nieve, de las plantas y las flores. Y aquellos pocos que lo van desgastando en hacer sufrir al resto, mejor dejémoslos que se vayan pudriendo solos, que se vayan asqueando solos cada vez que vean a otro ser humano feliz. Al fin y al cabo, también a ellos se les parará un día, y cuando ya no haya marcha atrás, hasta su corazón les dará la espalda porque el dinero y el poder ya habrán cambiado de alforjas.

Gran Hermano X


Yo no entiendo como en un programa llamado Gran Hermano (que nadie ver y a la vez es líder en audiencia), pueden meterse unos cuantos hombres y mujeres, y en menos de cuarenta y ocho horas estar liados entre ellos. Allí corre el sexo que es una locura, y más que una casa de hermanos      –que parece ser que fue construida en 1984–, parece una casa de putas.

        Los guionistas de este programa lo tienen complicado, pues no sé qué es lo que nos van a ofrecer cuando llegue Gran Hermano 69.

Una de Chenoa


Había salido de casa para comprar unas cervezas y acercarme al cajero para sacar el dinero de los gastos de la semana. Por el camino iba susurrando la canción de Chenoa "cuando tú vas, yo vengo de allí".
        Al volver a casa e intentar abrir la puerta, noté como una resistencia al girar la llave. Tras varios intentos desistí, a la vez que mi impaciencia y desesperación iban en aumento. En ese momento se abrió la puerta de mi vecina. Me dijo que había oído ruido y que se asomó por la mirilla. Vio un matrimonio con un niño pequeño en brazos de la mujer, y tras unos minutos intentando abrir la puerta, se adentraron en la casa.
        Yo me dije: ¡Mi hija está soltera, aunque con pareja! pero es que, además no tiene hijos. ¡Me cago en la puta! ¡Se me han metido en la casa unos okupas!
        Aporreé la puerta con todas mis fuerzas... pero allí no contestaba nadie. Tras dos horas de vanos intentos, llamé a la policía. Les conté lo sucedido, pero el más veterano de los dos me dijo que lo denunciase, aunque tenía mala pinta el desalojarlos.
        El policía tenía razón. No hubo forma legal de que abandonasen el piso, de manera que me fui a vivir a casa de mi suegra, y aquí llevo siete meses.
        Y un día, dándole vueltas al tema, me acordé de la canción de Chenoa: "Cuando tú vas, yo vengo de allí". Cogí el coche y me dirigí a toda prisa a casa del okupa, –¡digo, a mi casa, qué coño! –. Y yo no dejaba de repetir mentalmente: "Cuando tú vas, yo vengo de allí". ¡Ya está, tengo la solución! Esta gente tiene que salir del piso alguna vez. De modo que abrí el portal de... ¡quien sea el dueño! y subí escaleras arriba. Despacio, sigiloso, felino. Me senté en el primer escalón de las escaleras que subían al piso de arriba, y ahí, escondido y en silencio, esperé...
        Tras dos días sin comer ni beber y apenas dormir, llamé al timbre de la puerta. A la cuarta vez me abrieron con la cadena puesta y la puerta entreabierta. Al verme y reconocerme, el hombre hizo intento de cerrarla, pero yo anduve más listo y metí la pierna. ¡Casi me la parte el hijokupa! Le pedí que me dejase entrar a orinar, pues no podía aguantar más.
        –¡Y una leche!, me contestó. ¡Te meas en la escalera, pero a mi casa no entras!
        –¿Tú casa? ¿Será mi casa, desgraciado?
        Y entre "es mías" estábamos cuando me cerró la puerta en un descuido, de modo que me volví a mi sitio en el primer escalón.
        Una mañana, bien temprano, oí un ruido que provenía de mi/su casa. Me incorporé al instante de un brinco. En cuanto vi la puerta entreabierta, me abalancé soy el hombre que me había usurpado ilegítimamente mi hogar y el de mi familia. Le cogí por el cuello, y tras forcejear unos segundos con él conseguí sacarle al pasillo, cerrando a continuación con un portazo y dejándole allí aislado. Suplicó, durante más de una hora, que le dejase entrar. Golpeó la puerta con violencia, –tal como yo hiciese cuando fui desposeído de mi vivienda y él se encontraba dentro–. No le abrí.
        Llevaba diez minutos recuperándome del forcejeo con el okupa, cuando de pronto oí el gimoteo de un niño. Recordé que el susodicho venía con mujer e hijo. Me dirigí hacia el dormitorio (que antes era el mío) y allí estaban: la madre y el okupita. En un ataque de ira cogí a la mujer (quien a su vez cogió al niño), y a empujones la llevé hacia la puerta. Abrí, y allí dejé a ambos.
        Llevo aquí en mi casa cuatro largos años. Sin salir. De vez en cuando miro por la mirilla y veo movimientos extraños, pero no pienso salir de mi casa.
        Un día oí voces a la vez que tocaban el timbre. Alguien decía al otro lado de la puerta que abriese, que era mi mujer. ¿Qué mujer? Yo ya no tengo mujer, ni hijos, ni familia, ni trabajo. Solo mi casa, mi hogar.
        Apenas como ni bebo. Apenas duermo. Solo leo. Leo para aprender.

        Y es que ya se sabe que el saber no okupa lugar.

Palabras raras


Yo, que de intuición ando muy corto (como casi todos los hombres), tengo mucha dificultad para entender ciertas expresiones porque soy muy de leer al pie de la letra, y la verdad es que no consigo entenderlas.

        Cuando oigo que está "jarreando" en la calle, me asomo y lo único que veo es llover... pero ni rastro de jarras.

        Cuando un albañil viene a mi casa y dice que tiene que "alicatar" el cuarto de baño, no sé por qué me lo llena de azulejos... pero ni rastro de alicates.

        Cuando el mismo albañil, aprovecha para "dar de llana" una de las paredes de mi cocina, no sé por qué aparece con un artilugio metálico con asa y que frota, casi con violencia, contra la misma hasta dejarla lisa. ¿Las habrá esdrújulas?

        Pero es que el mismo albañil, para terminar de volverme loco, dice que tiene que sanear "el rodapié" (que yo me imagino que se va a descalzar para arrancarse un pié y tirarlo por el salón como si estuviese en una bolera).

Tiempos modernos


Dice un cuento que hace muchos siglos, cuarenta ladrones fueron sorprendidos por Alí Babá, un pobre leñador que, fruto de su astucia, acabó por robarles todo el oro que escondían en una cueva que, creo, se abría frotando una especie de mezcla de pasta de nueces, almendras o piñones con ajonjolí, llamada sésamo. Un descuido de uno de los ladrones hizo que una de las bolsas que llevaba a caballo se cayese y dejase al descubierto montones de monedas de oro, lo que dejó estupefacto a Alí Babá.

        Hoy día el cuento ha cambiado, además de otras muchas cosas.  Otro ladrón, ahora montado en esquíes, también tuvo un descuido y aparecieron muchos Alís Babás que desenmascararon al resto de ladrones.

        El jefe de la banda cambió la cueva por un palacio, y los cuarenta ladrones se multiplicaron por miles. En cuanto a la mezcla llamada sésamo, fue sustituida por otra de nombre vaselina, y que también sirve para abrir puertas a quien quiera formar parte de tan selecta banda.

La cobra


No cabe duda de que seguimos siendo un país diferente. Casi hemos dejado a un lado el tema de la elección del Presidente del Gobierno, para hablar sin parar en la calle y en todos los medios de comunicación, del famoso tema de la cobra de David Bisbal a Chenoa. Aquí, lo importante, es si hubo o no hubo cobra.
        Sin ir más lejos, el otro día fui a comer a un restaurante, y a la hora de pagar, en vez de pedir la cuenta al camarero, se me ocurrió decirle: ¡camarero, me cobra!

        El gilipollas se nos puso a cantar "escondidos" mientras nos hacía un Bisbal. ¡Qué lástima!

Morir: Hasta en eso


Hace pocas semanas un amigo mío estuvo a punto de morir, pero entre el túnel de la muerte, la luz blanca del fondo y demás zarandajas, le dio tiempo para pensar en si quería incineración o sepultura, pues le había venido todo tan de repente que no reparó en ello. Total que se dio media vuelta y decidió seguir viviendo.

        Semanas después, cuando estuvimos charlando sobre el tema, yo le aconsejé que lo incinerasen. La razón es que hasta para morirse es necesario ser rico.

        Yo he visto en el cementerio lápidas de ricos. De mármol del más caro, con una inscripción tan larga como la presentación de las películas de la Guerra de las Galaxias (hay gente que se detiene a leerla a primera hora de la mañana y a mediodía aún no han terminado). Lápidas rodeadas de tantas plantas y árboles que ya las quisieran muchos viveros. Y allí en paz, en silencio, con sus tumbas bien cuidadas descansan el resto de su muerte.

        Sin embargo, los pobres tienen otra panorámica bien distinta. Sobre todo los que están ubicados en los nichos, y especialmente los de las partes altas. He visto a una anciana pidiendo ayuda para colocar unos pocos claveles a su difunto marido. Para ello es necesario coger una escalera con ruedas de hierro, enormemente pesada, pasarla entre árboles, tumbas, y agujeros. Todo eso tras haber ido a por ella a cuarenta metros de distancia, y tener la suerte de no estar ocupada por otro ser desconsolado. Pareciese que los pobres no merecen más que dos escaleras en esas maltrechas circunstancias, de tal manera que muchos optan por dejar sus flores en el suelo, sin poder embellecer el lugar de descanso de tu ser querido  mientras estás a su lado.

        Escaleras, que al desplazarse como muertos vivientes, rechinando sus ruedas incontrolables, perturban la paz y el descanso de quienes allí reposan.


        Pero cuando llega la noche todos los muertos son iguales: todos duermen, y solo les acompaña su conciencia. Los únicos que son distintos son los responsables de adecentar un sitio tan lleno de sentimientos. Quizá sea porque también son ricos, y piensen que para llegar al cielo no se necesitan escaleras. 

Jallowin


A mí no me gusta esta costumbre de celebrar Jallowin, pues creo que reírse de  la muerte es demasiado serio y tiene muy poca gracia, ya que ésta es vengativa, y tarde o temprano nos está esperando, nos acecha. Es como el cazador agazapado en busca de su presa. Sin prisa. Eligiendo el momento más idóneo, y al más mínimo descuido salirse siempre con la suya.

        Vestirse de muerto es algo que se debe hacer una sola vez en la vida.

Día de todos los santos


A mí me da exactamente igual que hoy digan que es el día de los todos los santos. ¡Hala todos a recordar a nuestros seres queridos que lo manda la Iglesia! Estaría cojonudo que también me tuvieran que decir cuando tengo que ir, llorar o recordarlos. Yo los llevo en mi mente y en mi corazón A DIARIO. Mis flores son el regalo de mi recuerdo constante.

Una de banderas

Hoy 12 de octubre y preocupado como casi todos los españoles por los sucesos acaecidos en Cataluña, he decidido poner mi granito de a...