Poesía sobre sus ojos



Me pidió una amiga que le escribiese una poesía sobre sus ojos. Pocos versos me han cabido a pesar de lo enormes que los tiene, aparte de que para poder leerse tiene que cerrar los párpados.

        Y es que no se me ocurrió mejor sitio donde escribírsela: donde ella me la pidió.

Parece mentira



A mucha gente les atrae una parte del cuerpo que, a veces, resulta decisoria para empezar a mantener una relación. Parece mentira que esa parte del ser humano (solo visible en su media mitad dependiendo del sentido de la marcha), sea la  que más sólidos excreta al exterior, y que, a la vez, cause tanta admiración por ambos géneros o más.

        Esto es algo que debe venir de millones de años de evolución, y que aún no hemos superado del todo. Claro que otras muchas especies ni siquiera lo han intentado, especialmente el perro, porque no me digáis que ir por ahí oliendo culos para hacer amigos no es un poco «rarito».





Trabajo temporal


El hijo de un amigo mío está muy contento. Marianito, después de mucho tiempo buscando, hoy ha encontrado trabajo.

        Mientras daba cuenta de un buen plato de boquerones fritos, le iba contando a su padre, presa de una enorme excitación,   los pormenores de su espectacular experiencia.

        Le citaron en la planta primera de un edificio de quince. A las ocho de la mañana le recibió un corbateado subjefe de recursos humanos que le explicó en que iba a consistir su trabajo. También le indicó que el mismo lo desarrollaría en la planta decimotercera.

        Se dirigió a la zona de ascensores y pulsó el botón número 13. Cuando se abrió la puerta del ascensor, una señorita muy cordial le dio la bienvenida, a la par que le indicaba que debía bajar a la primera planta. Mientras el indicador de plantas iba descendiendo uno a uno, iba pensando si habrían olvidado decirle alguna cosa relativa a su nuevo trabajo.

        Le recibió nuevamente el subjefe de recursos humanos, el cual le tendió delante un papel y le instó a que lo firmase. Así lo hizo, y recibió junto a una copia del mismo, un cheque por cuatro euros con veinte céntimos como finiquito al contrato de trabajo temporal por doce minutos y cuarenta y tres segundos para el que había sido contratado.


        Mientras salía del edificio no dejaba de pensar en lo positivo de su experiencia. Su primer trabajo. Su primer sueldo. Su primera ilusión por ser llamado a un nuevo trabajo, eso sí, con la esperanza de que fuese algo más duradero y tremendamente orgulloso de haber contribuido a rebajar la lista del paro.

Hola nuevamente: Tengo el placer de comunicaros la publicación de mi 4º   libro, titulado   “Relatos para reír y llorar casi a la v...