domingo, 27 de julio de 2014

El transexual

Antoñito, desde pequeño, era un poco afeminado. Se comentaba en todo el barrio, y él no ocultaba sus amaneradas formas. Todo lo contrario, las exageraba.
Le vi la otra tarde. Habían pasado muchos años desde la última vez que nos encontramos. Tan animado y dicharachero como siempre. Iba vestido de mujer.
Me comentó que tras despertar de la operación a que se había sometido para cambio de sexo, y de paso corregir un problema de la vista, al quitarle el médico la venda, y mirar sus partes sexuales, exclamó:

¡Doctor, no veo un pijo!

Como las hojas

El otoño nos trae la melancolía y nos relaja la euforia del verano. Nos mira con menos luz todo aquello que hicimos hasta ahora y sus v...