miércoles, 17 de septiembre de 2014

Trabajo temporal

El hijo de un amigo mío está muy contento. Hoy, después de mucho tiempo buscando, ha encontrado trabajo.
        Mientras daba cuenta de un buen plato de boquerones fritos, le iba contando a su padre, presa de una enorme excitación,   los pormenores de su espectacular experiencia.
        Le citaron en la planta primera de un edificio de quince. A las ocho de la mañana le recibió un corbateado subjefe de recursos humanos que le explicó en que iba a consistir su trabajo. También le indicó que el mismo lo desarrollaría en la planta decimotercera.
        Se dirigió a la zona de ascensores y pulsó el botón número 13. Cuando se abrió la puerta del ascensor, una señorita muy cordial le dio la bienvenida, a la par que le indicaba que debía bajar a la primera planta. Mientras el indicador de plantas iba descendiendo uno a uno, iba pensando si habrían olvidado decirle alguna cosa relativa a su nuevo trabajo.
        Le recibió nuevamente el subjefe de recursos humanos, el cual le tendió delante un papel y le instó a que lo firmase. Así lo hizo, y recibió junto a una copia del mismo, un cheque por cuatro euros con veinte céntimos como finiquito al contrato de trabajo temporal por doce minutos y cuarenta y tres segundos para el que había sido contratado.

        Mientras salía del edificio no dejaba de pensar en lo positivo de su experiencia. Su primer trabajo. Su primer sueldo. Su primera ilusión por ser llamado a un nuevo trabajo, eso sí, con la esperanza de que fuese algo más duradero y tremendamente orgulloso de haber contribuido a rebajar la lista del paro.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Antes que yo

Aunque la vida me ofreció la oportunidad de volverme loco, decidí hacer un brindis amargo y enfrentarme a ella sin perder sus ojos de vista.
Ni están más altos los que lo creen, ni más bajos los que lo sospechan. Nos movemos en la relatividad, y lo que parece ser, casi nunca es cierto.
Antes que yo, decidieron probar suerte -porque así necesitaban expresarlo- variopintos personajes que nunca llegaron a conocer la verdadera dimensión de su arte. De tal manera que no fueron reconocidos en vida, muriendo pobres, quemados, enfermos, y hasta buscaron en el suicidio una salida a la incomprensión que encontraron en sus coetáneos.
Muchos necesitan dar a conocer lo que les inquieta en las entrañas, y lo exponen a los demás difundiendo aquello en lo que creen.
¿Cuál es el barómetro que indica si lo que trata de transmitir una persona es vulgar, malo, bueno, extraordinario, excelente, o lo que es peor, indiferente?
Yo creo que lo sé. Como lo sabe el pintor, el actor o el escritor, por poner algunos ejemplos, porque cuando está en su particular escenario (solo ante el lienzo, ante el público o ante el papel en blanco) es capaz de vibrar, de emocionarse tras lo que ha sido capaz de hacer.

Lo demás, como decía la canción, es puro teatro. 

Como las hojas

El otoño nos trae la melancolía y nos relaja la euforia del verano. Nos mira con menos luz todo aquello que hicimos hasta ahora y sus v...