domingo, 7 de septiembre de 2014

Antes que yo

Aunque la vida me ofreció la oportunidad de volverme loco, decidí hacer un brindis amargo y enfrentarme a ella sin perder sus ojos de vista.
Ni están más altos los que lo creen, ni más bajos los que lo sospechan. Nos movemos en la relatividad, y lo que parece ser, casi nunca es cierto.
Antes que yo, decidieron probar suerte -porque así necesitaban expresarlo- variopintos personajes que nunca llegaron a conocer la verdadera dimensión de su arte. De tal manera que no fueron reconocidos en vida, muriendo pobres, quemados, enfermos, y hasta buscaron en el suicidio una salida a la incomprensión que encontraron en sus coetáneos.
Muchos necesitan dar a conocer lo que les inquieta en las entrañas, y lo exponen a los demás difundiendo aquello en lo que creen.
¿Cuál es el barómetro que indica si lo que trata de transmitir una persona es vulgar, malo, bueno, extraordinario, excelente, o lo que es peor, indiferente?
Yo creo que lo sé. Como lo sabe el pintor, el actor o el escritor, por poner algunos ejemplos, porque cuando está en su particular escenario (solo ante el lienzo, ante el público o ante el papel en blanco) es capaz de vibrar, de emocionarse tras lo que ha sido capaz de hacer.

Lo demás, como decía la canción, es puro teatro. 

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