El espejo


Yo hace tiempo que prácticamente dejé de mirarme al espejo. Concretamente desde que me di cuenta de que siempre me encontraba la misma cara. No comprendo cómo hay gente que se observa tanto, pues no sé qué esperan encontrarse. Lo raro sería ver cada vez una cara distinta, que eso no ocurre ni en el pueblo de Belmez.
        La cara no cambia tanto de un rato para otro, ni siquiera de un día para otro. Me atrevería a decir que ni de un mes para otro, salvo que te la partan. Yo, por eso, me miro en el espejo una vez cada cinco años y siempre he visto más o menos lo mismo, pero con más edad. Es decir, un envejecimiento natural y no un rejuvenecimiento artificial. Salvo hace poco, que vi a mi padre, y fui deteniéndome lentamente en cada arruga, en cada gesto suyo y que ahora son míos. Entonces pensé en aquel maravilloso ser que se marchó hace ya demasiados años.

        Últimamente cada vez lo veo más a menudo. Lo bueno que tiene es que puedo hablar con él, preguntarle aquellas cosas que no me atreví o dejé para otro momento, como darle un beso, un abrazo o simplemente decirle "te quiero".

2 comentarios:

Pablo de Diego dijo...

Esa es una de las cosas de las que más orgulloso estoy de mi mismo. A fuerza de haber oído hablar tantas veces de ello, antes de que se fuera tuve la valentía de pararme un día frente a él, abrazarle, y mirándole a los ojos decirle: "gracias por todo lo que me has dado. Te quiero"

pedro serrano dijo...

Que razon tienes, amigo.... llega un momento que no quieres verte como te vas quedando...

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