domingo, 22 de mayo de 2016

Confianza



El otro día tuve una reunión de trabajo en la oficina. Por parte de mi empresa estábamos mi jefe y yo, y por la del asegurado que nos visitaba, el dueño de la empresa y su administrador financiero.
    Hicimos las presentaciones oportunas y nos saludamos educadamente. Tras darnos la mano nos dispusimos a comenzar la reunión. Después de exponer y discutir cada uno sus propuestas, dimos por finalizada la misma y, eso sí... se llevaron menos de lo que esperaban.
        Cuando llegué a casa, mi esposa me recibió en la puerta. ¡Lo hizo sin ninguna cara de asombro al verme que tenía cuatro brazos!

        Y es que mi mujer sabe de sobra que cuando me dan la mano, y con confianza, me cojo hasta el brazo.

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