Sonidos en la iglesia

Llevaba varios días en un estado de nerviosismo que no era propio en mí. Ni los ejercicios de relajación que me mandó el psiquiatra, hicieron que encontrara la paz que necesitaba.
No encontré mejor sitio que la iglesia para poder calmar mi ansiedad. Allí, en el más sagrado de los silencios, me entregué a las suaves palabras del máximo conferenciante episcopal, Rouco Varela, que suavemente, casi como un susurro, nos hacía llegar hasta nuestro interior la palabra de dios.
        Tanta fue la paz que encontré, que sumido en tal anestesiado estado de felicidad, me quedé dormido al oírle. Y es que cuando te oigo, emito sonidos estrepitosamente exagerados: rounco Varela.


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