domingo, 28 de octubre de 2012

Discusiones de bares de copas



El otro día mientras discutía con un amigo para no aburrirme, y cuando tras un largo rato por fin logré que tirase la toalla en nuestra absurda conversación, pues en ésa especialmente mientras él iva, yo ya había vuelto, me hizo recordar la siguiente anécdota:
Salí a tomar una copa con mi novia argentina, y no es que tenga otras novias de otros países, si no que es que ésta nació en Argentina.
        El camarero nos sirvió a mi novia y a mí a las veintitrés cuarenta horas de la noche. Mientras conversábamos, bebíamos y reíamos, vimos que habíamos apurado nuestras copas, por lo que pedimos otra ronda.
        A las dos de la madrugada decidimos que ya era hora de retirarnos, y pedí la cuenta. Mi novia y yo tomamos siempre lo mismo: cuba libre de un ron peruano que descubrí en un excelente restaurante.
        Al recibir la cuenta algo no me cuadraba. Siempre nos habían cobrado doce euros la copa. Si las cuentas no me fallaban eran cuarenta y ocho euros por las cuatro copas. La factura era de cincuenta y cuatro euros. Cuando llamé al camarero para que me explicase el importe, fue muy claro: “A partir de las doce de la noche ha entrado en vigor la subida del iva, y de ahí el nuevo importe: trece euros con cincuenta céntimos cada copa”.
        Lógicamente no podía estar de acuerdo. Mis cuentas eran las siguientes: dos copas a trece euros con cincuenta céntimos, eran veintisiete euros… pero las otras dos copas las había pedido antes de las doce, por lo que su precio debían de ser de doce euros.
        Ahí entramos en una discusión acalorada que fue subiendo de tono, pues el camarero decía que debía cobrarme el nuevo precio, que es cuando fui a pagar. Yo mantenía que debía pagar dos copas al precio antiguo, que era cuando las pedí y la subida del iva no era efectiva aún.
        Como quiera que pasamos media hora discutiendo y no nos poníamos de acuerdo, vino el encargado del local e intervino para intentar solucionar la discusión.
        Finalmente hubo una decisión salomónica, pues calculé que desde que pedí las dos copas hasta las doce de la noche, habría tomado dos tercios de la copa, porque yo al principio bebo muy deprisa, para apurar lentamente los últimos tragos. Por tanto aquellos dos tercios irían al precio antiguo, y el otro tercio aplicando el precio ya con la subida. Otra cosa fue calcular el precio de la copa de mi novia, que no había bebido ni la mitad de la misma.
        Al final todo se arregló y nos invitaron a otra copa gratis. Y es que yo no tengo la culpa de tener el complejo de Paco Martínez Soria, por haber visto infinidad de veces cuando era pequeño su película “don erre que erre”.

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