Metales casi preciosos


No es oro todo lo que reluce. Como tampoco le sucede a la plata. El metal más reluciente y difundido es el bronce, el que más se utiliza en el ser humano aplicando afirmativamente el refrán áureo. El más corriente de todos ellos, el menos precioso.
        Gente que parece esto y es aquello, gente que habla y no para de mentir hasta la siguiente mentira. Y es que se ha hecho habitual aparentar, mentir como verdad. Gente bronce mezclada con plata y oro. Gente con aleación confusa.
       A mí la apariencia me ha engañado muchas veces, y las personas, bastantes más. Unas, consciente y otras inconscientemente. Pero yo sigo sin cambiar, porque soy de esos románticos a veces infeliz―, que quiere seguir creyendo en el ser humano que está embutido en esta vorágine de ambición, falsedad e hipocresía, y donde todo vale con tal de estar arriba, olvidándose de que muchas veces es mejor estar abajo que arriba, allí donde corren vientos impetuosos, tortuosos, malévolos, y que destrozan todo lo que encuentran a su paso. Incluso a ellos mismos.

       Bronces que aspiran a oro, a veces, sin pasar por la plata. Oro podrido que sólo “obsequia” a los demás necedad y ceguera. Oro que da el poder sobre las cosas y las personas… pero nunca sobre las ideas firmes.

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