Perdón en la madrugada


Un ruido me hizo levantarme en plena madrugada. A oscuras avancé lo más silencioso que pude para evitar despertar a los demás miembros de la familia, que dormían ajenos a lo que estaba sucediendo.
        De repente me topé con algo, con alguien, con él. Allí estaba, quieto, en silencio, desorientado, sin saber dónde había quedado el tiempo, los espacios, el mundo…
        Le pregunté susurrando qué hacía allí, pero no supo responderme. Sólo acertó a decir ¡lo siento! ¡perdóname!
        Le acompañé a su habitación mientras le llevaba del brazo. Le dije entonces ¡perdóname tú a mí por las veces que no llego a comprender ese mundo irreal en el que vives o tal vez sueñas!
        Sabía que no me había oído debido a su sordera, pero aquellas palabras resonaban en mi cabeza mientras volvía a mi habitación, e hicieron que mis lágrimas escapadas encontraran el consuelo por la incomprensión hacia esa terrible enfermedad que es el Alzheimer.

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