EL SEÑOR AMINO: ¿Para cuándo?


A mí no me gusta la política. Lo que pasa es que el otro día estaba pensando en el día del orgullo gay y me pregunté (a la vista de tanto imputado político, de tanto ladrón, y salvadores de la patria, que descaradamente nos toman el pelo y nos tocan nuestras partes más estimadas y nombradas), que ¿para cuándo el día del no me tomes por gilipollas?


         Estoy deseando celebrarlo junto con millones de personas, aunque como hay tanto tonto suelto igual no pillan el motivo.

Palabras entre nosotros


Me sucede todos los años. El mismo mes y el mismo día. El recuerdo que nunca se ha ido aparece con más fuerza.

        Las palabras, que sirven para comunicarnos, así como los gestos de complicidad, parecen quedarse latentes en el tiempo.


        Pero no es verdad, porque, a veces, sobran la palabras. Y además, entre nosotros, no necesitamos pronunciarlas para que sean escuchadas. Para decirnos «te quiero».


El bombo de Manolo de España


Desde aquí quiero mandar un mensaje de enhorabuena por la aparición del bombo de Manolo.

Estábamos todos tan preocupados que por unos días dejamos al lado los problemas de corrupción del país. ¡Gracias, Manolo!

Ánimo Manolo. Mi novia también tenía un bombo y ya no. ¡Ha sido niña!

Publicación en AMAZON

Hola amigos,

Tengo la satisfacción de comunicaros la publicación de mis dos libros "Relatos para reír y llorar casi a la vez" y "El barrendero de almas" (en formato electrónico y papel) en la plataforma de Amazon.es

Si estáis interesados en la adquisición de los mismos, para vosotros o regalar a alguien de vuestro entorno, están a un precio muy interesante y de una manera muy sencilla los podéis solicitar.

Aprovecho la ocasión para recordaros que tenéis que confirmar el correo que habréis recibido de mi blog para que os salga de forma automática cada relato que publico.


Gracias a todos los que confiáis en mi lectura. 

Tarde de fútbol (adiós al Calderón)


Hacía muchos años que no iba a ver un partido de fútbol. Aprovechando que mi querido Atleti echaba el cierre al estadio Vicente Calderón, me animé a sacar dos entradas e irme con mi hija con intención de pasar una tarde entretenida.

        Salí de mi casa con la camiseta del Atleti puesta. Orgulloso de ser "colchonero". En el camino nos cruzamos con tres jóvenes, que al verme con la rojiblanca empezaron a increparme y se fueron acercando cada vez más a nosotros, hasta que uno de ellos me dijo: ¡bote, bote, bote, madridista el que no bote! Y yo boté... por lo que me cayó una somanta de hostias que me dejaron la cara y la cadera doloridas.

        Cuando me recuperé gracias a los cuidados de mi hija, me dijo que si nos volvíamos a casa, a lo que yo me negué diciéndole que me encontraba bien, y que unos salvajes no iban a fastidiarnos la tarde. ¡Coge la camiseta y guárdala en la mochila por si vuelven a aparecer otros energúmenos como estos!

        Al llegar al metro de Pirámides parecía que había estallado la guerra civil. Ríos y ríos de personas iban avanzando hacia el estadio del equipo de mis amores. Abuelos, padres, hijos y nietos (y como dirían en el PSOE abuelas, madres, hijas, y nietas). Todo el mundo con sus camisetas, banderas, bufandas y cualquier signo atlético que se pudiera imaginar. Camisetas de todas la épocas y de los más distintos jugadores de ahora, de antes y de siempre. Hasta aficionados vestidos de indios. Un río colorido en rojo y blanco bajando por el Paseo de los Melancólicos y calles adyacentes.

        Uno está tan poco acostumbrado a estos eventos tan masivos, que tras verificar las entradas en el torno de acceso al campo, me topé con un señor con un peto amarillo que se puso delante de mis narices a la vez que me hacía señales como de querer darme un abrazo.  A ello iba (pensando que el hombre estaría repartiéndolos por ser el último partido) cuando oí el grito desgarrador de mi hija diciéndome: ¡Papá, que levantes los brazos que te tienen que cachear! ¡Joder, qué vergüenza! El hombre cuando acabó de hacer su inspección manual (a mí se me vino a la cabeza el tacto rectal del urólogo), me dijo: ¡qué tenga usted una buena tarde! A lo que yo respondí muy educado: ¡igualmente!

        Por fin conseguimos llegar a nuestros asientos, y cuando ya estábamos sentados, le dije a mi hija: ¡Saca la camiseta que ya estamos en territorio indio y aquí estamos seguros! Eso creía yo. Otro energúmeno (ahora vestido de rojiblanco) se dirigió a mí también de malas formas: ¿Oiga, qué pasa? ¿Es que le da a usted vergüenza ponerse la camiseta por la calle, que la tiene que traer guardada? ¡Es que tenía calor! –le dije–, pero ya me la pongo que va haciendo fresquito (a pesar de que de los 30º no bajaba el termómetro).

        Pues más de lo mismo. Antes de que me diera cuenta, otra somanta de hostias (ahora colchoneras), me cayeron por todos lados de tal forma que me dejaron el brazo derecho entumecido y la nariz chorreando sangre. Si no es –otra vez más– gracias a mi hija que sacó el paraguas y nos hicimos fuertes allí mismo, ni lo cuento. Eso sí, esta vez tuve que ejercitarme en el ¡bote, bote, bote, madridista el que no bote! pues estábamos rodeados y sin escapatoria.

        Cuando se calmaron los ánimos, gracias a la intervención de otros aficionados y nos dejaron en paz,  nos dispusimos a disfrutar del espectáculo. Allí estaban nuestros ídolos: gordos, calvos, con pelo canoso, andando por la banda para calentar. A alguno de ellos, en pleno precalentamiento, tuvieron que asistirle con oxigeno, a otro se lo llevó la camilla de Cruz Roja al intentar darle al primer balón que le lanzaron, resultado de la patada que le dio al aire y que dio con sus huesos en el césped tras una voltereta en el aire. Se quejaba de un tirón, pero yo creo que se había roto la rabadilla.

        Pero bueno, fue una tarde maravillosa, emotiva, rayando entre la tristeza y la alegría. Nos despidió Fernando Torres "el niño" y el himno de Joaquín Sabina coreado por todo un campo lleno de aficionados. Y me llevé todo por el mismo precio.

        Y llegamos a casa. Al abrir la puerta mi mujer se llevó las manos a la cabeza y se asustó viendo el estado tan lamentable que llevaba, pues encima nos cayó de vuelta un chaparrón de agua y nos calamos hasta los huesos. ¿Pero qué te ha pasado, es que has jugado tú también? No respondí. Habían sido demasiadas emociones para solo una tarde, aunque todas las di por buenas porque yo por mis colores y mi Atleti... ¡mato!

Lo único que no llevo bien es que hayamos sido indios durante cincuenta años y de ahora en adelante... chinos.

El repetidor



Un repetidor puede ser un aparato que sirve para transmitir señales electrónicas de un sitio a otro. También tiene este nombre aquella persona que, en base a un examen o prueba que no ha realizado de la forma requerida, tiene que volver a repetirlo nuevamente para poder superarlo.
        Pero hay un ser, llamémosle así, al que yo también haría repetidor. Este ser es el que casi día a día es noticia de portadas de periódicos, radios y televisiones: el asesino que quita la vida a su pareja, mujer, hijos, etc y que luego tiene la mala fortuna de que "intentó quitarse la vida sin conseguirlo". Mala suerte, amigo. Tendrás que repetir.

        Yo habilitaría una dependencia para éste tipo de repetidores, para que tuviesen la ocasión de repetir tantas veces como fuese necesario hasta que superasen la prueba y no se les privase de tan gozosa experiencia. Y cuando obtuviesen su título se lo guardaría en un bolsillo para que ardiese con él en el infierno.

El cajero


"En el siglo XIV, cuando fue escrita la obra poética la «Divina Comedia» (Paraíso, canto VIII) por el florentino Dante Alighieri, la mejor forma de insultar a un catalán era recordar la rigidez de sus bolsillos". 

Va a ser que lo que se dice de la fama de tacaños de los catalanes va a ser cierto.

     Ayer fui al cajero automático de un banco próximo a mi domicilio, y tras pedirme en qué idioma quería hacer la operación le debí de dar por equivocación "en catalán".

   Fue tal mi sorpresa que al retirar los doscientos euros que había solicitado solo me dio ciento noventa.    

El prejubilado


La semana pasada me encontraba esperando en la consulta del urólogo para una revisión rutinaria. Enfrente mío había  un hombre de sesenta y tantos años. Miraba al suelo, mano sobre mano, como aburrido, como desilusionado y abatido.

        Me quedé mirando su cara fijamente. Cada gesto por pequeño que fuese me lo fui interiorizando, y caí en la cuenta: debía ser uno de esos hijos de puta jubilado que habían puesto en la calle, y ahora añoraba sus años como jefecillo de alguna empresucha de poco monte, donde impunemente habría hecho la vida imposible a sus empleados, y ahora, amargado por no poder hacerlo, se le había revelado la próstata.

        ¿Qué si yo estaba allí por lo mismo? Naturalmente que no. Es que ahora estoy prejubilado y para no aburrirme me voy a los hospitales a entretenerme un poco hasta la hora de la comida, porque si no mi mujer me tiene en casa sin parar de ordenarme cosas.


        A mí, con lo que yo he sido...

La fiesta del 1 de mayo


Hoy es la fiesta del trabajo. Curiosamente en esta fiesta no se dejan ver muchos de los que están sobrados de él, porque algunos tienen tanta suerte que nunca les falta, y cuando les falla siempre hay algún amigo que rápidamente se lo repone en cualquier parte lejos del mundanal ruido, posiblemente para devolverle algún favor pendiente en el pasado.

        Aquí en España no la celebran casi el veinte por ciento de los trabajadores, porque no tienen nada que celebrar. Estos y aquellos faltan a la fiesta por distintos motivos. Los primeros, bastante maltrechos, desilusionados, hartos de corruptos que se llevan nuestro dinero, bastante tienen con quedarse en casa para lamerse las heridas, y los segundos disfrutando de sus maravillosas mansiones para poder seguir lamiendo culos.

        De todas formas, como se suele decir, nadie dijo que esto iba a ser fácil (sobre todo la vida del común de los mortales), así que vayan y pasen (que la entrada es gratis) para recordarles a los que lo tienen en su mano que todos tenemos derecho a trabajar, y que hacerlo unas horas o solo unas semanas no es trabajo, sino algo parecido a la esclavitud.

Hoy, como ayer


Hoy, como ayer, como hace ya bastantes años,
vuelve nuestro dolor a ser más presente.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, te fuiste demasiado pronto,
adelantándonos tu ausencia irreemplazable.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, seguimos igual, casi igual,
con el mismo dolor, con menor intensidad.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, te quiero,
y a ellas las digo que las quiero,
que tú me lo dices para ellas,
y que a ellas es lo que más quiero.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, nuestro corazón se entristece,
como lo hizo ya algunos años,
como lo hace todos los días,
como todos los días cuando amanece.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, es tanto lo que te quiero,
que lloro y no lo puedo evitar,
¡que me quitaron a mi niño!,
¡cómo más te pueden dañar!,
la vida hubiese sido menos dolorosa,
si te la hubiese podido cambiar.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, te llevo en mi cabeza, en mi corazón
no te preocupes, mi vida, nadie te echa en olvido
yo pude perder la razón
poderla, pude, por poco no he podido.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, beso tu foto al mirarte
como cada despertar, como cada ¡hasta mañana!
solo puedo hacer eso: ¡amarte!
y sentir la distancia cada vez más cercana.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, mi niño viene a soplarnos en el viento:

estamos juntos, estamos unidos. Eso será nuestro sentimiento.

Dibujos en el cielo


¡Cuántas veces me he preguntado dónde irían a parar las almas de esos niños inocentes de esta historia que es la vida!
        ¿Dónde viaja el alma de estos pequeños que nacieron ya en un entorno hostil, entre suciedad, pobreza, hambre, tiros, bombas, abandonados, maltratados, violados, no conociendo más que el miedo desde que abrieron por primera vez los ojos, hasta que los cerraron por vez última?

          Con mucho miedo.

      ¿Dónde viaja el alma de aquellos que estando sanos contraen enfermedades incurables, y con sus ojos llenos de lágrimas te piden una explicación que no puedes ofrecerles, y la de aquellos pequeños que naciendo con una enfermedad congénita, padecen y sufren sin cesar, con sus ojitos piadosos a los que apenas puedes consolar? Sólo puedes coger sus manos y apretarlas contra tu pecho, besarles, llorar con ellos… dejándote morir con ellos.

      Ni siquiera puedes ocupar su lugar, tan sólo prepararles para un viaje del que ni tú mismo conoces el destino.

      La otra noche, mientras disfrutaba de una de esas noches que sólo te ofrece el verano, observaba una vez más, la multitud de estrellas que aparecen en el cielo, y que se pierden en la inmensidad viajando lejos y lejos, desapareciendo y cambiándose por otras nuevas, enseñándonos lo diminuto de nuestra existencia.  

      Nosotros que también aparecemos y desaparecemos como estrellas, unas tan brillantes, otras tan tenues, que tanto nos preocupamos por lo de aquí, que tanta importancia le damos a casi todo, no entendemos lo que ocurre durante el día cuando las estrellas se convierten, a veces, en esos dibujos de las nubes que parecen tener formas que todos jugamos alguna vez a adivinar.


      Yo quiero creer, que esos dibujos en el cielo, son de todos aquellos niños que no pudieron llegar a crecer aquí en la tierra, y siendo felices aprenden a pintar, mandándonos mensajes para que cualquiera los interprete a su manera, como un guiño de ojos, y de paso, consolar un poquito a aquellos de quien fueron separados de manera tan absurda como incomprensible.

Acusación


Si a mí me llaman a declarar ante un tribunal de justicia y mi actitud, antes de soberbia y prepotencia, se convierte en sumisa y depresiva, ¿estoy siendo listo o es que tengo la esperanza de dar pena y desconocimiento?

Conducta inapropiada


Hace pocos días fui al dermatólogo para que me echase un vistazo a unas manchas que me habían salido en las espinillas de ambas piernas. Tras examinarme exhaustivamente, el doctor se dirigió a mi esposa, y en un apartado anexo estuvo charlando con ella por espacio de cinco minutos. Al volver me dijo que se trataba de una infección llamada "callatés", producto de las patadas que ella me da para que me calle cada vez que digo algo inapropiado delante de otras personas y que yo nunca sé a qué se está refiriendo.

THYSON




Era una noche calurosa de domingo del mes de agosto de dos mil dieciséis. A las ‏‎20:40:01 abrí un documento que puse por nombre "perra vida". Quería escribir sobre un perro especial. Su nombre: Thyson.

        El relato no estaba acabado y apenas escrito, pero solo sé que iba a hablar de lo bien que viven algunos perros, y Thyson era uno de ellos. Le recuerdo de cachorro, fuerte como un toro, y por contra, se cansaba mucho cuando le hacíamos correr o saltar, ya que el bulldog es un perro que suele tener problemas respiratorios y cardíacos.

        Una anécdota que recuerdo mucho es que le gustaba sentarse en el sofá, se arrimaba y acurrucaba junto a ti y era el perro más manso del mundo. Tanto es así que se hizo con el sofá de mi suegro y no había quien lo echase de allí. Es más, cuando le veía sentado en el que él consideraba su sitio, leyendo como siempre, Thyson se subía en el mismo y le iba empujando poco a poco hasta que mi suegro, más bueno aún que Thyson, se levantaba mientras balbuceaba "este jodido perro...".

        Pero hoy nos ha dejado, su corazón ha dicho "basta", y para que no sufriera, el veterinario le ha inyectado y ha dejado de existir, lo que ha hecho que se me saltaran algunas lágrimas.

        A pesar de que hacía años que no le veía le tenía mucho cariño. A todos nos acompañarán sus fotos, sus recuerdos en nuestra memoria y lo tierno que era. 


        Te quiero Thyson, perro bueno. ¡Que allá donde vayas sigas dejando tanto cariño como nos has dado a todos nosotros y que sepas que no te olvidaremos!

Pregunta


Me pregunto si hay cárcel para los que han muerto sin haber pagado su culpa por lo que hicieron, dejando a sus víctimas huérfanas de venganza.

Cien días


Ahora que se cumplen cien días desde mi prejubilación, habrá que hacer balance como hacen los nuevos gobiernos cuando ha transcurrido ese período de tiempo.

        Debo decir que estuve a punto de seguir en activo, pues lo había comentado con otro compañero que previamente lo hizo, y quise consultarle sobre la conveniencia de hacerlo o no. Finalmente, y a pesar de los enormes esfuerzos por retenerme por parte de compañeros y sobre todo jefes y amigos, decidí dar el paso y entregarme a mejor vida (dicho sea con todo el respeto).

        Siempre había soñado con este día: Olvidarme del  reloj, hacer las cosas con tranquilidad, no madrugar mucho, pasear, leer, viajar...

        Y a fe que lo estoy cumpliendo. El reloj no lo encuentro por ningún lado (y debe ser por la memoria); la tranquilidad (según me dice mi mujer) es irritante, ya que tardo en pasar la aspiradora, limpiar el polvo y hacer los baños, más de dos horas y media; no madrugo mucho –como decía–, pues mi hija me trae al niño y al chihuahua a las seis y cuarto de la mañana y yo estaba acostumbrado a levantarme para ir a trabajar a eso de las seis y media; pasear paseo mucho, ya que tengo que llevar al niño a la guardería, sacar al perro a que corra un poco y que haga sus necesidades, aunque tampoco me puedo entretener todos los días ya que tengo que comprar el pan y a veces tengo médico o pruebas que hacerme. En cuanto a leer, la verdad es que se me cansan mucho los ojos y leo poco porque no aguanto, pero me bajo un montón de libros de Internet y así por lo menos me hago la ilusión de que los tengo y que algún día los leeré.

        Y solo me queda el tema de viajar. A ver si cambia el tiempo y se me quitan los dolores de cuello, espalda y piernas que tengo, porque me ha dicho el médico que salga de casa, que con lo del colesterol, el azúcar, la artrosis, las piedras del riñón y vesícula, el hígado graso, las taquicardias y el sobrepeso que he cogido desde que dejé el trabajo, estoy en riesgo de infarto.

        De todos modos estoy contento: Me acuesto tan tarde como me da la gana, en el baño estoy todo el rato que me apetece (aunque no tengo otro remedio pues menudo estreñimiento crónico tengo, que por cierto, os recomiendo el  jarabe tan bueno que me tomo cuando la cosa aprieta). Y lo más importante de todo: el recuerdo constante que tengo de parte de todos aquellos compañeros que me querían y que no dejan de asediarme con sus whashapes, correos electrónicos, comentarios sobre los escritos del blog y otras redes sociales.

        Alguno dirá que será por la forma que tuve de despedirme. Y tienen razón... y yo también, porque los amigos aparecen cuando deben hacerlo y no diariamente para no parar de dejar de dar el coñazo. En realidad, eso no es amistad, es compañero de trabajo, compañero de copas, de compartir cotilleos, y los que van más allá: compañeros de planificar putadas haciendo la vida peor a los demás. Aún recuerdo varios cambios de departamento (unas veces con solo unos metros de distancias, otros separados tan solo por un piso y hasta alguno de sucursal). No sé qué tipo de abducción sufrieron, pero el caso es que muchos se olvidaron hasta de lo más elemental.


        Pero como esto es así, así me despedí yo. En la creencia firme de que todo se desarrollaría de esta manera. Lo cual no deja de ser triste, porque aunque sea contraproducente, tomar decisiones comprometidas y sujetas a la crítica no está nada mal. Recordemos que la peor decisión es la que no se toma y yo, por tomar y me creo con mucha suerte, solo tomo la almohada a la hora de irme a la cama.

Reajuste horario 2017


Dice mi "cuñao" que estos del Gobierno tienen mucha jeta, que en vez de quitarnos la hora en fin de semana, que lo hagan el lunes a eso de las once de la mañana. Y estoy totalmente de acuerdo con él. Pero no, mejor así, para jodernos una hora de sueño y luego estar descolocados varios días. Yo, que soy estreñido por naturaleza, tengo que pactar seriamente dos veces cada año con mi sistema digestivo que ya es vago de por sí y un duro negociador.

        Esto de quitarte una hora es como lo que hace Hacienda con la declaración de la renta: primero te lo quita y luego (si procede) te lo devuelve. La cuestión es cómo te lo devuelve, porque los euros que me retienen durante todo el  ejercicio fiscal no tienen el mismo valor que cuando los recibo a mediados del año siguiente, y si yo compro patatas o naranjas en marzo de 2016 no es al mismo precio que si las compro en mayo de 2017, que ya estarán más caras y podré comprar menos cantidad. O un piso, o un coche, o los pistachos (que dicho sea de paso, ¿qué tiene este fruto seco para ser tan caro, si ya lo estamos produciendo en España?).

        Cansados de tanto sacrificio y de las consecuencias de la usurpación temporal de la hora, me temo que habrá que hacer acopio de plátanos, pepinos, zanahorias, etc, para sentirnos algo consolados, porque aquí llueva, nieve, haga aire, frío o calor, no baja nada... excepto lo que lo hace por sí mismo a consecuencia del paso del tiempo.
       
        Y ya no hablemos si entre el transcurso del principio y el final, nos hemos muerto por el camino.

                  Porque ¿quién me devuelve los euros anticipados?

                 Y sobre todo ¿qué ocurre con mi hora no vivida? 

Derrame mental XCV


Ahora que ha entrado la primavera, el mes de febrero debería dejar las consultas del psiquiatra debido a los distintos cambios de tiempo y que tanto le han alterado.

Más "R" que un perro verde (MIAU)


MIAU:

Onomatopeya de gato francés, que aunque sea callejero, siempre anda buscando comida y reclamando lo que cree que le pertenece. 



Madrid y sus nubes


Llevo años observando aquí en Madrid,  a diferencia de otras regiones de España y entre por donde sea el frente meteorológico a la península, que llueve poco y nieva menos.
        La teoría más lógica sería pensar que es tal la polución que hay sobre nuestras cabezas, que es imposible que el agua (independientemente de sus estados) pueda atravesar las nubes.

        Y no me extraña: el ser humano va a acabar con el planeta sin ninguna duda. Y más con tanta gente subiendo información a la "nube", que lo único que nos puede caer es alguna base de datos.

Derrame mental CXXXVI


Yo pertenezco a un grupo rociero y el otro día tuve que ir a comisaria. Denuncié que me habían quitado lo bailao.

¡Tú hazte la tonta!


Hay un chiste de hace muchos años que para evitar algo o a alguien que no nos convenía, le decíamos a la persona que nos acompañaba: ¡Mira, por ahí viene Margarita. Tú hazte la tonta!

       Con el tiempo, el campo (digo, la sociedad) se nos ha llenado de otro tipo de flores. Ese tiempo que ha tenido que transcurrir para que la mujer con sus reivindicaciones y su lucha se vaya igualando al hombre, tanto en oportunidades de trabajo como en independencia económica y social, e ir dejando el apelativo de "mujer florero", para que ahora lo estropeen algunas señoras que no saben lo que ocurre en su casa ni con sus maridos: Cristina, Ana y Rosalía, según han declarado en los distintos juicios donde se las ha acusado. "No, no sé, no me consta, lo desconozco. Ha sido mi marido, mi marido y mi marido..."

        Esperemos que sea una moda pasajera, un descuido, un exceso de confianza en la pareja, y por supuesto, darles la enhorabuena. Les debíamos enviar cada español un ramo de flores, seguro que su interior les dirá dónde ponerlas. ¿Y qué decir de sus maridos y qué esperamos los del pueblo? Pues que una vez juzgados acaten lo que diga la justicia, aunque alguno esperará que se la achaten.

      Yo, de momento, y a la vista del buen resultado obtenido, también le he dado a mi mujer "órdenes estrictas" de que si le preguntan por algo respecto a mí, que lo niegue todo. Se está metiendo tanto en el papel que ahora anda diciendo por ahí que no me conoce de nada y que la estoy acosando, de tal manera que me ha denunciado a la policía dos veces y  llevo dos semanas que no me deja entrar en casa y estoy durmiendo en un hotel en las afueras de la capital, pues no me puedo acercar a menos de cinco kilómetros.

        Y mira que lo he intentado todo, incluso también le he mandado flores tres veces con una tarjeta que firma Margarita... pero ni por esas. 

El baile de la cabra


La otra mañana me desperté sobresaltado. Desde la calle provenía una música estridente a todo volumen. Me dirigí hacia la habitación contigua a la mía y abrí la ventana. Allí pude ver un grupo de personas de etnia gitana. Uno de ellos tocaba el órgano mientras otro sacudía con violencia sus pulmones para dejar salir el aire por su maltrecha y descuidada trompeta. El resto daba vueltas por aquí y por allá, con gorras y panderetas en sus manos, mientras no dejaban de mirar hacia las ventanas de arriba, donde curiosos como yo mismo se habían asomado.
        Solo faltaba algo para completar el escenario de tan animado espectáculo: una cabra. Y allí estaba. El animal giraba sobre sí misma sobre una base depositada a tal efecto y donde, con gran destreza y habilidad, mantenía el equilibrio al ritmo de la charanga.
        Al mismo tiempo que esto sucedía, una señora anciana rebuscaba entre los cubos de la basura situados a pocos metros de la escena musical en busca de algo que le fuese aprovechable, y de paso, algún alimento que no estuviese en muy mal estado para poder comérselo.
        Me fui a la cama pues creí que lo que estaba presenciando era solo un sueño. Me arropé de nuevo y rápidamente me volví a dormir, acomodándome la almohada a mi cuello.
        Solo al volver a despertarme una hora después (esta vez ya sin ruido), y al comentar con mi mujer lo que creía haber  presenciado, y ella confirmármelo,  me di cuenta de que todo había sido cierto.
        Fue entonces cuando mi mente volvió de una forma inconsciente a mi niñez, donde estas situaciones eran muy comunes casi cada semana: la vuelta del hambre, el afilador, el vendedor de quesos, el baile de la cabra...

        Me entró un sudor frío al recordarlo y me puse a pensar, que en lo más básico, apenas habíamos progresado social y humanamente.

Santa Rita

Santa Rita rita, lo que no se da, se quita. Algunos políticos deberían aprenderse esta pequeña variación en este refrán tan famoso.
        Pareciera que siempre está enfocado a algo material, pero respetando toda muerte de un ser humano, intentar culpar a la presión de la prensa u otros partidos políticos, de la muerte de una política es pura desfachatez, máxime cuando ahora se ha desvelado que, tras la autopsia realizada,  la causa del fallecimiento fue debida a una cirrosis.
        Más de veinte años metiendo la mano donde no se debe, y no sacándola de donde no debe estar, hace que se sospeche de alguien inmerso en la corrupción y da para muchas tensiones emocionales y arteriales.
        Lo que ellos dejan en el camino son desahucios, hambre, pena, dolor, enfermedades y también otras muertes (a veces colaterales). Pequeñas cosas que no tienen importancia, pues al fin y al cabo, la muchedumbre solo tiene derecho a sufrir, callar y aguantar en este cuchitril en que están convirtiendo el mundo cuatro desalmados y sin conciencia alguna.

        Tener cuidado con ellos, su napia les delata, sus ojos les delatan, sus palabras les delatan. Tan solo una presunta justicia lenta, abusiva, enormemente sospechosa y maniatada les vigila.

Carrera por la vida


Me comentaron unos amigos que si quería participar en la popular "Carrera por la vida" para cuidar el corazón. Me dijeron que podría hacerlo andando simplemente, pero yo me dije: ¡Si andar es bueno para el corazón, mejor será correr!
        Y llegó el día señalado. Tras unos primeros metros dubitativos, dejé de andar y comencé a correr como un loco perseguido por un fantasma. Los latidos de mi corazón iban en creciente aumento y sonaba parecido a un tambor tocado por un indio arapahoe. Acabé echándolo por la boca debido a los esfuerzos, y dando vueltas y saltos ha entrado antes que yo en la línea de meta por escasos centímetros, confirmando que correr es bueno para el corazón, y no tanto para mí.

        Mientras tanto, yo permanezco aquí en urgencias, esperando que a mi corazón acaben de entregarle su trofeo por la victoria y se digne venir al hospital para que me lo trasplanten, porque si no esto se va a convertir en la carrera de mi muerte.

Ya me lo dijo


Llevaba algún tiempo sopesando la posibilidad de prejubilarme, pero mi mujer insistía en quitármelo de la cabeza. Yo le hacía ver las ventajas y desventajas que aquello me reportaría para así tratar de convencerla,  y ella erre que erre, que si tal, que si cual, que si me iba a aburrir, que si iba a echar en falta una ocupación constante, que si me iba a encerrar en casa, que si iba a terminar por no ducharme, que si perdería el gusto por el buen vestir, que con la rutina me iba a acabar abandonando, etc.

        Y aquí me encuentro ya prejubilado. Nada de lo que me dijo se cumplió, excepto lo del abandono. Creo que la vieron hace unos meses por Canarias con un morenazo muy apuesto. 

         No será que no me lo dijo...

Derrame mental CXXVIII (A Víctor)


Tras una revisión anual en el dentista, éste me dijo que si me lavaba los dientes con frecuencia. Le contesté que sí, con la modulada y puesta en Radio Sol XXI (concretamente en el dial 99.8).

        ¡No obstante, –prosiguió–, además de eso, de volar con la música, utilice un cepillo Oral C++. Verá los amaneceres más hermosos!

EL SEÑOR AMINO: ¿Para cuándo?

A mí no me gusta la política. Lo que pasa es que el otro día estaba pensando en el día del orgullo gay y me pregunté (a la vista de tant...