Aquellas pequeñas cosas

Bueno, pues nos vamos despidiendo de 2016 con un clásico. ¡Que lo disfrutéis y hasta pronto!


Escucha nula


Es la primera vez, en los años que tengo, que en estas navidades no he escuchado beber los peces en el río, que hasta donde yo sé, ellos no tienen que coger el coche.
      Y es que está todo cada vez más contaminado: los peces, las personas, el ambiente...

        Como sigamos así, dentro de poco todos abstemios y con cara de acelga. 

El espejo


Yo hace tiempo que prácticamente dejé de mirarme al espejo. Concretamente desde que me di cuenta de que siempre me encontraba la misma cara. No comprendo cómo hay gente que se observa tanto, pues no sé qué esperan encontrarse. Lo raro sería ver cada vez una cara distinta, que eso no ocurre ni en el pueblo de Belmez.
        La cara no cambia tanto de un rato para otro, ni siquiera de un día para otro. Me atrevería a decir que ni de un mes para otro, salvo que te la partan. Yo, por eso, me miro en el espejo una vez cada cinco años y siempre he visto más o menos lo mismo, pero con más edad. Es decir, un envejecimiento natural y no un rejuvenecimiento artificial. Salvo hace poco, que vi a mi padre, y fui deteniéndome lentamente en cada arruga, en cada gesto suyo y que ahora son míos. Entonces pensé en aquel maravilloso ser que se marchó hace ya demasiados años.

        Últimamente cada vez lo veo más a menudo. Lo bueno que tiene es que puedo hablar con él, preguntarle aquellas cosas que no me atreví o dejé para otro momento, como darle un beso, un abrazo o simplemente decirle "te quiero".

Retrato


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

  Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;
mas recibí la flecha que me asignó Cupido
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

  Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
 
  Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
 
  Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
 
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
 
  Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
  Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
 

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
  Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Seres raros


En este mundo tan amplio y donde hay tantísima variedad de especies, tiene que haber seres raros de lo más variopinto.

        Uno de los más curiosos y conocidos es el ornitorrinco: cola de castor, pico de pato, y un espolón trasero que expulsa un veneno altamente doloroso. Otro, el antílope "saiga" tiene una nariz parecida a la trompa de un elefante.

        Y muchísimos seres raros más. Pero sin duda, el más raro de todos ellos es el ser humano. Los hay que tienen la cabeza con pelo, calvos, con diferentes tamaños en altura y anchura, al igual que las orejas y la cabeza (en la que, a algunos, le salen cuernos), con ojos de distintos colores. Y en el resto del cuerpo no es diferente: en la cara les salen patas de gallo, en los brazos codos de tenista (algunos con raqueta y todo), piel de naranja, de gallina, pájaros en la cabeza, etc. Y todo ello lo aderezan con tatuajes, piercings, tuercas, pinchos, se estiran la cara, se ponen pecho, culo, se hacen liposucciones, se ensanchan los labios, se rompen la ropa, se la acortan, se la alargan. Me río yo del pavo real que se cree tan guapo.

        Pero si hay algo que me llama la atención en todos estos seres raros es que solo tienen un corazón, especialmente en el ser humano. Sí, este que es capaz de llegar a otros planetas, y "se olvida" de lo que pasa aquí.  Es como empezar un proyecto sin haber acabado otro. Y cuando se abre uno y otro y otro sin cerrarlos, pasa lo que pasa en este mundo: que todo es un caos, (donde mientras unos tienen barcos de oro y tiran enormes cantidades de dinero en fiestas con asistentes que son chusma y no tienen principios, donde para ellos triunfar en la vida en tener tantísimo dinero que no tengan más preocupación que decidir dónde y cómo gastarlo, otros mueren sin haber sabido ni siquiera a qué han venido a esta cloaca, sin haber tenido siquiera tiempo de abrir los ojos, de morir antes de nacer).


        Pero, visto lo visto, mejor que tengamos un solo corazón. Los que amamos la vida, los que queremos disfrutar de este regalo que no sabemos quién nos otorgó, lo sentimos latiendo cada vez que nos enamoramos de otro ser humano, del cielo, de las aves, del agua del mar; de los ríos y la lluvia; de la nieve, de las plantas y las flores. Y aquellos pocos que lo van desgastando en hacer sufrir al resto, mejor dejémoslos que se vayan pudriendo solos, que se vayan asqueando solos cada vez que vean a otro ser humano feliz. Al fin y al cabo, también a ellos se les parará un día, y cuando ya no haya marcha atrás, hasta su corazón les dará la espalda porque el dinero y el poder ya habrán cambiado de alforjas.

Gran Hermano X


Yo no entiendo como en un programa llamado Gran Hermano (que nadie ver y a la vez es líder en audiencia), pueden meterse unos cuantos hombres y mujeres, y en menos de cuarenta y ocho horas estar liados entre ellos. Allí corre el sexo que es una locura, y más que una casa de hermanos      –que parece ser que fue construida en 1984–, parece una casa de putas.

        Los guionistas de este programa lo tienen complicado, pues no sé qué es lo que nos van a ofrecer cuando llegue Gran Hermano 69.

Una de Chenoa


Había salido de casa para comprar unas cervezas y acercarme al cajero para sacar el dinero de los gastos de la semana. Por el camino iba susurrando la canción de Chenoa "cuando tú vas, yo vengo de allí".
        Al volver a casa e intentar abrir la puerta, noté como una resistencia al girar la llave. Tras varios intentos desistí, a la vez que mi impaciencia y desesperación iban en aumento. En ese momento se abrió la puerta de mi vecina. Me dijo que había oído ruido y que se asomó por la mirilla. Vio un matrimonio con un niño pequeño en brazos de la mujer, y tras unos minutos intentando abrir la puerta, se adentraron en la casa.
        Yo me dije: ¡Mi hija está soltera, aunque con pareja! pero es que, además no tiene hijos. ¡Me cago en la puta! ¡Se me han metido en la casa unos okupas!
        Aporreé la puerta con todas mis fuerzas... pero allí no contestaba nadie. Tras dos horas de vanos intentos, llamé a la policía. Les conté lo sucedido, pero el más veterano de los dos me dijo que lo denunciase, aunque tenía mala pinta el desalojarlos.
        El policía tenía razón. No hubo forma legal de que abandonasen el piso, de manera que me fui a vivir a casa de mi suegra, y aquí llevo siete meses.
        Y un día, dándole vueltas al tema, me acordé de la canción de Chenoa: "Cuando tú vas, yo vengo de allí". Cogí el coche y me dirigí a toda prisa a casa del okupa, –¡digo, a mi casa, qué coño! –. Y yo no dejaba de repetir mentalmente: "Cuando tú vas, yo vengo de allí". ¡Ya está, tengo la solución! Esta gente tiene que salir del piso alguna vez. De modo que abrí el portal de... ¡quien sea el dueño! y subí escaleras arriba. Despacio, sigiloso, felino. Me senté en el primer escalón de las escaleras que subían al piso de arriba, y ahí, escondido y en silencio, esperé...
        Tras dos días sin comer ni beber y apenas dormir, llamé al timbre de la puerta. A la cuarta vez me abrieron con la cadena puesta y la puerta entreabierta. Al verme y reconocerme, el hombre hizo intento de cerrarla, pero yo anduve más listo y metí la pierna. ¡Casi me la parte el hijokupa! Le pedí que me dejase entrar a orinar, pues no podía aguantar más.
        –¡Y una leche!, me contestó. ¡Te meas en la escalera, pero a mi casa no entras!
        –¿Tú casa? ¿Será mi casa, desgraciado?
        Y entre "es mías" estábamos cuando me cerró la puerta en un descuido, de modo que me volví a mi sitio en el primer escalón.
        Una mañana, bien temprano, oí un ruido que provenía de mi/su casa. Me incorporé al instante de un brinco. En cuanto vi la puerta entreabierta, me abalancé soy el hombre que me había usurpado ilegítimamente mi hogar y el de mi familia. Le cogí por el cuello, y tras forcejear unos segundos con él conseguí sacarle al pasillo, cerrando a continuación con un portazo y dejándole allí aislado. Suplicó, durante más de una hora, que le dejase entrar. Golpeó la puerta con violencia, –tal como yo hiciese cuando fui desposeído de mi vivienda y él se encontraba dentro–. No le abrí.
        Llevaba diez minutos recuperándome del forcejeo con el okupa, cuando de pronto oí el gimoteo de un niño. Recordé que el susodicho venía con mujer e hijo. Me dirigí hacia el dormitorio (que antes era el mío) y allí estaban: la madre y el okupita. En un ataque de ira cogí a la mujer (quien a su vez cogió al niño), y a empujones la llevé hacia la puerta. Abrí, y allí dejé a ambos.
        Llevo aquí en mi casa cuatro largos años. Sin salir. De vez en cuando miro por la mirilla y veo movimientos extraños, pero no pienso salir de mi casa.
        Un día oí voces a la vez que tocaban el timbre. Alguien decía al otro lado de la puerta que abriese, que era mi mujer. ¿Qué mujer? Yo ya no tengo mujer, ni hijos, ni familia, ni trabajo. Solo mi casa, mi hogar.
        Apenas como ni bebo. Apenas duermo. Solo leo. Leo para aprender.

        Y es que ya se sabe que el saber no okupa lugar.

Palabras raras


Yo, que de intuición ando muy corto (como casi todos los hombres), tengo mucha dificultad para entender ciertas expresiones porque soy muy de leer al pie de la letra, y la verdad es que no consigo entenderlas.

        Cuando oigo que está "jarreando" en la calle, me asomo y lo único que veo es llover... pero ni rastro de jarras.

        Cuando un albañil viene a mi casa y dice que tiene que "alicatar" el cuarto de baño, no sé por qué me lo llena de azulejos... pero ni rastro de alicates.

        Cuando el mismo albañil, aprovecha para "dar de llana" una de las paredes de mi cocina, no sé por qué aparece con un artilugio metálico con asa y que frota, casi con violencia, contra la misma hasta dejarla lisa. ¿Las habrá esdrújulas?

        Pero es que el mismo albañil, para terminar de volverme loco, dice que tiene que sanear "el rodapié" (que yo me imagino que se va a descalzar para arrancarse un pié y tirarlo por el salón como si estuviese en una bolera).

Tiempos modernos


Dice un cuento que hace muchos siglos, cuarenta ladrones fueron sorprendidos por Alí Babá, un pobre leñador que, fruto de su astucia, acabó por robarles todo el oro que escondían en una cueva que, creo, se abría frotando una especie de mezcla de pasta de nueces, almendras o piñones con ajonjolí, llamada sésamo. Un descuido de uno de los ladrones hizo que una de las bolsas que llevaba a caballo se cayese y dejase al descubierto montones de monedas de oro, lo que dejó estupefacto a Alí Babá.

        Hoy día el cuento ha cambiado, además de otras muchas cosas.  Otro ladrón, ahora montado en esquíes, también tuvo un descuido y aparecieron muchos Alís Babás que desenmascararon al resto de ladrones.

        El jefe de la banda cambió la cueva por un palacio, y los cuarenta ladrones se multiplicaron por miles. En cuanto a la mezcla llamada sésamo, fue sustituida por otra de nombre vaselina, y que también sirve para abrir puertas a quien quiera formar parte de tan selecta banda.

La cobra


No cabe duda de que seguimos siendo un país diferente. Casi hemos dejado a un lado el tema de la elección del Presidente del Gobierno, para hablar sin parar en la calle y en todos los medios de comunicación, del famoso tema de la cobra de David Bisbal a Chenoa. Aquí, lo importante, es si hubo o no hubo cobra.
        Sin ir más lejos, el otro día fui a comer a un restaurante, y a la hora de pagar, en vez de pedir la cuenta al camarero, se me ocurrió decirle: ¡camarero, me cobra!

        El gilipollas se nos puso a cantar "escondidos" mientras nos hacía un Bisbal. ¡Qué lástima!

Morir: Hasta en eso


Hace pocas semanas un amigo mío estuvo a punto de morir, pero entre el túnel de la muerte, la luz blanca del fondo y demás zarandajas, le dio tiempo para pensar en si quería incineración o sepultura, pues le había venido todo tan de repente que no reparó en ello. Total que se dio media vuelta y decidió seguir viviendo.

        Semanas después, cuando estuvimos charlando sobre el tema, yo le aconsejé que lo incinerasen. La razón es que hasta para morirse es necesario ser rico.

        Yo he visto en el cementerio lápidas de ricos. De mármol del más caro, con una inscripción tan larga como la presentación de las películas de la Guerra de las Galaxias (hay gente que se detiene a leerla a primera hora de la mañana y a mediodía aún no han terminado). Lápidas rodeadas de tantas plantas y árboles que ya las quisieran muchos viveros. Y allí en paz, en silencio, con sus tumbas bien cuidadas descansan el resto de su muerte.

        Sin embargo, los pobres tienen otra panorámica bien distinta. Sobre todo los que están ubicados en los nichos, y especialmente los de las partes altas. He visto a una anciana pidiendo ayuda para colocar unos pocos claveles a su difunto marido. Para ello es necesario coger una escalera con ruedas de hierro, enormemente pesada, pasarla entre árboles, tumbas, y agujeros. Todo eso tras haber ido a por ella a cuarenta metros de distancia, y tener la suerte de no estar ocupada por otro ser desconsolado. Pareciese que los pobres no merecen más que dos escaleras en esas maltrechas circunstancias, de tal manera que muchos optan por dejar sus flores en el suelo, sin poder embellecer el lugar de descanso de tu ser querido  mientras estás a su lado.

        Escaleras, que al desplazarse como muertos vivientes, rechinando sus ruedas incontrolables, perturban la paz y el descanso de quienes allí reposan.


        Pero cuando llega la noche todos los muertos son iguales: todos duermen, y solo les acompaña su conciencia. Los únicos que son distintos son los responsables de adecentar un sitio tan lleno de sentimientos. Quizá sea porque también son ricos, y piensen que para llegar al cielo no se necesitan escaleras. 

Jallowin


A mí no me gusta esta costumbre de celebrar Jallowin, pues creo que reírse de  la muerte es demasiado serio y tiene muy poca gracia, ya que ésta es vengativa, y tarde o temprano nos está esperando, nos acecha. Es como el cazador agazapado en busca de su presa. Sin prisa. Eligiendo el momento más idóneo, y al más mínimo descuido salirse siempre con la suya.

        Vestirse de muerto es algo que se debe hacer una sola vez en la vida.

Día de todos los santos


A mí me da exactamente igual que hoy digan que es el día de los todos los santos. ¡Hala todos a recordar a nuestros seres queridos que lo manda la Iglesia! Estaría cojonudo que también me tuvieran que decir cuando tengo que ir, llorar o recordarlos. Yo los llevo en mi mente y en mi corazón A DIARIO. Mis flores son el regalo de mi recuerdo constante.

Reajuste del reajuste horario


Hace tantos años que se tomó la medida de adelantar y atrasar una hora el reloj, que yo creo que ya se hace por inercia. Como fumarse un cigarro o bostezar de aburrimiento o hambre.

   Parece mentira que nadie haya caído en que la citada medida es totalmente absurda. Sólo hace falta saber sumar y restar; es decir, que hasta un niño podría haberse dado cuenta.

   Dicen que adelantar una hora los relojes significará un ahorro de trescientos millones de euros, el 0,003% del PIB. Eso, en primavera.

    En otoño, deciden atrasar la hora que nos habían adelantado. Digo yo que habrá que restar los trescientos millones de euros, y o yo estoy tonto, o la diferencia es cero, con lo que mejor que dejaran las cosas como están de una santa vez.

    Nuestro organismo agradecería los reajustes que, cada cinco meses, tiene que hacer durante varios, pues no es el primer año que me tengo que levantar antes de tiempo para hacer "mis cosas", con el agravante de que ya no me duermo, y a ver qué hago yo durante esa hora, porque ni irme al trabajo puedo ya que me encuentro las puertas cerradas.


   Además deberíamos de pensar en cosas que sí tienen importancia, como, por ejemplo, acabar de una vez por todas con el dichoso "año bisiesto" y que siempre le toca al pobre febrero (no me extraña que le apoden "el loco"), ya que hay mucha más gente traumatizada por no cumplir años de lo que nos creemos. Conozco el caso de una señora con sesenta y ocho años que tiene realmente diecisiete, y teníais que ver qué cara pone su padre cada fin de semana que se va de botellón y se pone esas minifaldas.

        Pero esa es otra historia…


Yo digo


¡Lo que yo digo va a misa! Lo que no sé es quien me lo va a llevar, porque yo paso de los curas.

¡A dormir!

Hoy voy a esconder la cabeza debajo del ala. Estoy tan cansado de los políticos que me voy a dormir. Así, para variar, sueño otras pesadillas.

Terceras elecciones


Tras la abstención del PSOE, vuelve Mariano. No puedo menos que recordar algunas citas. Una de ellas es aquella que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Otra era la que dijo Jesús de Nazaret sobre que si alguien te golpeaba en la mejilla, le ofrecieses la otra (la de la derecha). Bueno, hay varias citas más, pero no me apetece ponerlas.
        Yo, hasta muy entrado en años, era de esos que no votaban. Está mal y lo sé, pero es que no me convencía nadie. Era un indeciso. Ahora también, lo reconozco, pero a base de ir votando, ¡coño, que le he cogido el gustillo! y estaba deseando que viniese diciembre, o dicho de otra manera, las terceras elecciones. Ahora tendré que romper el bono-voto que me había comprado.

        Y a pesar de esa indecisión, creo que finalmente me hubiese decantado por votar a los Verdes. Me gusta su programa electoral, y sobre todo, ¿por qué no? sus chistes subidos de tono.

Noche toledana


Parece que por fin el verano es cosa del pasado y nos disponemos a entrar de lleno en el otoño. Con los calores que estábamos soportando no había quien conciliase el sueño.
        Recuerdo una noche que la pasé fatal y no pude pegar ni ojo. A la mañana siguiente, un vecino que me encontré en el ascensor ni me saludó, y desde mi empresa llamaron a mi mujer para ver si iba a ir a trabajar, a pesar de que hacía dos horas que me encontraba sentado en mi puesto.                   
        Y la verdad es que no me extrañan estas cosas que me ocurren, porque yo sin dormir no soy nadie.                          

Locos con razón (o sin ella)


Discutir a alguien que no tiene razón es, cuando menos, discutible.
        A Juana de Arco por tener visiones celestiales, porque se le apareció el arcángel Miguel y cumplir la voluntad de Dios, la condenaron por herejía a morir quemada en la hoguera.
        A Galileo Galilei la Iglesia Católica le culpó por herejía al decir que la tierra era redonda.
       Aquí, más cerca de nuestros días, tratamos de locos a los que dicen haber visto un ovni, algo que no se puede demostrar, pero que negamos de forma tajante.
      Ponemos en tela de juicio a los asesinos inocentes, a los culpables de cara sonrientes de llevar una vida impecablemente ordenada, juzgamos a las personas por su aspecto, por su condición sexual, por su color de piel, por sus ideas. ¿Y lo hacemos porque estamos locos?
        Durante varios años, cuando viajaba en el autobús, veía pasar un hombre montado en una bicicleta. Muy clásica. Siempre acababa pasándonos debido al gran tráfico que había, pero él siempre encontraba el hueco por donde meterse. Todas las miradas de los pasajeros (y no pasajeros) se dirigían al ciclista, quien con calor, con frío o lluvia, todos los días nos hacía la misma jugada.
        Los comentarios iban desde gilipollas a tonto de baba, idiota, imbécil o, como no, loco. Loco por ir en bicicleta con todas las adversidades climatológicas, el sufrimiento físico al que se sometía cada día pudiendo ir cómodo en el autobús o en el coche. Metidos en el atasco tan confortablemente.
        Hace mucho tiempo que no le veo. Ahora utilizo otro medio de transporte y he cambiado de ruta.

        Me pregunto qué pensará el ciclista loco al ver ahora tanta gente a la que le han comido el "coco" para que vaya al trabajo con traje y corbata, con vestido y tacones. Seguro que nada. No pensará. Como antes, cuando le veía, era un loco libre, con sus razones, lo cual no es poco para un loco.

Palos


Mi vida no ha sido ni mucho menos un jardín de rosas. Tuve que luchar desde muy joven para llegar a conseguir lo que hoy, poco o mucho, he logrado.
   Lentamente fui escalando de nivel social, y hoy día, puedo decir que pertenezco a esa clase de personas acomodadas, sin problemas económicos y con un gusto exquisito por la vida, no dejando a un lado casi ninguno de los placeres que me ofrece.
   Sin embargo, he recibido a lo largo de casi toda mi vida demasiados palos. Palos de todo tipo.

   Es por eso que, cansado de ello, he decidido despedir a mi caddie y dejar el golf.  

Decir adiós


Cuando ya no se puede ofrecer más
de lo poco que se haya dado
cuando toque decir adiós
espero en suerte al otoño
vestido con sus hermosos colores
apeándome antes de que llegue el frío invierno

con su nieve blanca, pálida como la muerte.

Atardecer


Cuando contemplo cada atardecer me enamoro de lo bello que es poder sentir y de todo aquello que en ese instante está presente entre los dos.
 Mi corazón parece decir: ¡sigue, no te detengas tú tampoco ahora, pues este atardecer volverá mañana!
Y volverás a latir igual, distinto, ¡qué más da! Pero estás vivo, pero sigues ahí contemplando el atardecer, y mañana lo verás nuevamente, distinto, igual.
Y volverás a sentir
volverás a querer
volverás a soñar.
Y volverás a ver
mañana amanecer
esperando impaciente
también el atardecer.
Y él te repetirá como hace siempre: no olvides volver mañana a verme, pues volveremos a hablarnos hasta que llegue la luna, como cada anochecer
quizás distinto, quizás igual, seguro hermoso,
y te haré sentir
y te haré vivir una nueva ilusión
un nuevo deseo
una nueva forma de amar
un nuevo sentimiento
porque solo soy lo que soy: el atardecer. Aquel que te dice: ¡sigue, no te rindas, vuelve mañana a verme y te daré lo que necesitas!
Pídeme. Te daré mis colores, mi hermosura, mis sentimientos más puros, mis ganas de vivir.

¿Acaso no es lo que necesitas, acaso no es lo que me has venido a pedir para darle sentido a tu vida?

Vivir así


Casi nadie elige la forma de vida que quiere o desea. Desde el mismo instante del nacimiento, en el momento en que el cordón umbilical queda interrumpido en el nexo con tu madre, estás programado para que hagas lo que otros quieran.

        En los primeros años de vida ni siquiera te lo vas a plantear, y después se hará aquello que tus padres elijan para ti... salvo que te rebeles. Todos quieren decidir por ti, y yo, harto de la situación, quise ser nadie, y lógicamente tampoco me dejaron.

        A pesar de que en mi época adolescente no había tanto sicólogo como ahora, ­­aunque alguno había procurando lavarte el cerebro para que fueses más y mejor que nadie. ¡Coño! me dije–, mejor que lo que yo quiero ser! y entonces decidí hacerme, además, rebelde autónomo.

        Ni siquiera le comenté a mis padres esa rareza, pues en aquellos tiempos bastante tenía yo con tragar con una paella en mi cara. Sin pollo. El maldito acné me duró dos años, el complejo cinco más y las secuelas toda la vida. Pero finalmente lo superé... y  sin sicólogos.

        Como decía, quise ser nadie. Al menos hasta que lo tuviese claro, porque yo siempre he sido de meditar mucho las cosas, y, o las digo y hago de repente o callo para mucho tiempo. Y, finalmente, me salí con la mía.

      Por eso me sorprendo cada día de todas las cosas que aprendo por mí mismo y que hace años debería haber aprendido, pero es que yo aprendo despacio. Ventajas de ir poco a poco, sin presiones, sin obligaciones, sin intermediarios de inútil y sospechosa reputación. Y también inconvenientes, pues al ser rebelde autónomo pagas un alto precio personal, pero nada comparable con lo caro que resulta convertirse en un clon, un chupa culos, un pelota o un bufón, porque llegar a ser un don nadie es muy difícil y está al alcance de muy pocos. 

        Y yo, para bien o para mal, elegí vivir así.

Va usté a la mierda


La presidenta del Congreso, Ana Pastor, tras trasladarle al Rey Felipe VI que la investidura de Mariano Rajoy ha resultado fallida, ha presentado su dimisión irrevocable habiéndole comunicado que intentará probar fortuna en la televisión privada, y que ha enviado su curriculum a la Sexta para ser presentadora del programa "El objetivo" nocturno.

        Por su parte, el Rey, muy molesto con la situación de encallamiento que hay para formar gobierno, ha manifestado que abdica y se va a Hawái, donde tomará cerveza 5.0 (lleva algo de alcohol, pero poco), pues ha tenido un déjà vu, y cree que puede ser debido al chupito de después de la comida.

        Los secretarios generales de los principales partidos, al no ponerse de acuerdo ni haber visos de hacerlo en los próximos cinco años, están teniendo serias dudas en si seguir con las conversaciones o ir directamente a las elecciones, habiéndose puesto todos de acuerdo en que se celebren mensualmente a ver si así suena la flauta.

        Rajoy, muy molesto con los acontecimientos, se ha desmarcado de esta situación, y aunque en su partido le dicen que "sea fuerte", ha decidido recuperar su antiguo puesto de registrador de la propiedad y acudir a un gimnasio, no habiendo interpretado bien lo que le aconsejaba su partido.

        Mientras tanto, el desánimo en la población es superlativo, y yo, sin dirigirme a nadie en particular y a todos a la vez, solo se me ocurre decir: "va usté a la mierda".

Sorpresa electoral


No sé de qué nos sorprendemos, y hasta nos cabreamos tanto, por la posibilidad de tener que ir a unas terceras elecciones.

        En China se tienen millones de ellas a dialio, y segulo que están tan contentos.

Derrame mental CCX




Yo estoy "enajaenao" mental. Y es que quiero con locura a mi cachito de tierra andaluza. A esa que tanto echo de menos cuando recuerdo el tiempo de mi niñez, y que siempre llevo en mi pensamiento.

El voto


En vista de que tras dos elecciones nuestros políticos no se ponen de acuerdo y ya se empieza a hablar sobre la posibilidad de unas terceras, yo propongo la creación del bono-voto. Sería válido hasta para cinco elecciones, lo cual, visto lo visto no parece tan descabellado. Nos ahorraríamos el gasto en papeletas, desplazamientos, debates sobre lo mismo y lo de siempre, y hasta ellos (los políticos) podrían olvidarse de las campañas electorales hasta que se pongan de acuerdo y dejen de tomarnos el pelo, pensar solo en sus partidos y en ver como se reparten el pastel.

La playa


Esperaba ansiosamente la llegada de las vacaciones de este año, pues el anterior no me lo permitió mi maltrecha economía.
        En el mes de marzo, y con tiempo suficiente, hice la reserva de un apartamento en Alicante en primera línea de playa.
        Felices, llegado el quince de julio, nos dispusimos a disfrutar del mejor verano de nuestras vidas.

     Podrían haberme advertido que la primera línea de playa era vertical. No llegamos a ver el agua del mar, pero vamos, que aquí en Albacete tampoco se está mal y a todo llega uno a acostumbrarse.

Olimpiadas de Río 2016


De forma sorpresiva los atletas españoles, al igual que los rusos, no asistirán ­(aunque por motivos distintos), a los Juegos Olímpicos de Río 2016.
        El Rey Felipe VI los ha despedido a todos en el mismísimo aeropuerto de Barajas cuando estaban dispuestos a partir a tierras brasileñas ante la cara de asombro de todos cuantos allí se encontraban.


Voto


Hoy es día de votar, de revotar. A ver si a la segunda vez va la vencida, porque estar rebotado es lo que parece que le ha ocurrido a mucha gente a la hora de acudir a las urnas, y ha preferido dar de lado a tal casi obligación.

        Yo, aunque he ejercido mi derecho, he estado a punto de no hacerlo, pero luego he pensado en la gran cantidad de cosas que sin quererlo me obligan a hacer a diario, y en tan pocas otras en las que puedo elegir libremente. De modo que decidí revotar.

        Como soy daltónico no distingo entre azul, rojo, morado o naranja, pero no soy sordo (de momento), y tampoco insensible a lo que me transmite cada político.

        No espero mucho, pero tampoco nada, porque ya se sabe que los políticos donde dicen digo, luego dicen Diego.

Olimpiadas


Yo soy una persona muy persistente. El último reto que me he propuesto es hacerme atleta olímpico.
        Llevo entrenando cinco meses, y poco a poco, he ido viendo los resultados. Mi cuerpo ha sufrido una importante transformación, aunque aún queda lejos de lo que se le exige a un atleta que se presenta a unas Olimpiadas.
        De momento el cambio más destacable lo tengo en uno de los pies. Me ha dicho el dermatólogo que me lo lave a diario y me eche una crema. No sé si llegaré a hacerme atleta, pero al menos espero conseguir curar el hongo Candida albicans ese o como coño se llame en castellano.

Confirmación


Llevaba bastante tiempo notando que algo no iba bien. Nuestro matrimonio se estaba yendo a pique, y ciertos detalles me venían haciendo sospechar.
        Yo apreciaba que se estaba produciendo un distanciamiento entre nosotros dos, y lo que al principio era un intuición, desgraciadamente poco después se confirmó.
        Aquella tarde llegué a casa antes de lo normal. Había dicho a mi esposa que una reunión de trabajo me haría llegar con bastante retraso.
        Cuando abrí la puerta del dormitorio me los encontré allí. A los dos fornicadores. A ella y al negro. Ambos se quedaron blancos a causa de la sorpresa.

        ¡Vístete, –dije con rabia–! ¡tú, no, morenazo! ¡La digo a ella! Y con unos deseos incontrolables ocupé su lugar, confirmando con ello mis sospechas sobre mi gusto por los hombres.

Confianza



El otro día tuve una reunión de trabajo en la oficina. Por parte de mi empresa estábamos mi jefe y yo, y por la del asegurado que nos visitaba, el dueño de la empresa y su administrador financiero.
    Hicimos las presentaciones oportunas y nos saludamos educadamente. Tras darnos la mano nos dispusimos a comenzar la reunión. Después de exponer y discutir cada uno sus propuestas, dimos por finalizada la misma y, eso sí... se llevaron menos de lo que esperaban.
        Cuando llegué a casa, mi esposa me recibió en la puerta. ¡Lo hizo sin ninguna cara de asombro al verme que tenía cuatro brazos!

        Y es que mi mujer sabe de sobra que cuando me dan la mano, y con confianza, me cojo hasta el brazo.

A mí no me gusta


A mí no me gusta la política, aunque procuro estar informado. Dice el señor Mariano Rajoy, que lleva más de treinta años en política perdiendo dinero en relación a su anterior puesto de trabajo como registrador de la propiedad.

    ¡Este hombre es un patriota! Hay que decirlo bien alto. Aunque, a decir verdad, yo también lo soy. Como tú. Como usted. Como la mayoría de los españoles: trabajamos, –y cada día más (los que tenemos la suerte de hacerlo)–, en algo en lo que cada día cobramos menos.

   Pero tengo la sensación de que nosotros, todos nosotros, perdemos más dinero que él, pues, a la vista está que tiene mejor nivel de vida, y además, parece ser que trabaja en lo que le gusta. 

                 Y es que la jodienda no tiene enmienda.

Hoy, como ayer



Hoy, como ayer, como hace ya bastantes años,
vuelve nuestro dolor a ser más presente.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, te fuiste demasiado pronto,
adelantándonos tu ausencia irreemplazable.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, seguimos igual, casi igual,
con el mismo dolor, con menor intensidad.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, te quiero,
y a ellas las digo que las quiero,
que tú me lo dices para ellas,
y que a ellas es lo que más quiero.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, nuestro corazón se entristece,
como lo hizo ya algunos años,
como lo hace todos los días,
como todos los días cuando amanece.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, es tanto lo que te quiero,
que lloro y no lo puedo evitar,
¡que me quitaron a mi niño!,
¡cómo más te pueden dañar!,
la vida hubiese sido menos dolorosa,
si te la hubiese podido cambiar.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, te llevo en mi cabeza, en mi corazón
no te preocupes, mi vida, nadie te echa en olvido
yo pude perder la razón
poderla, pude, por poco no he podido.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, beso tu foto al mirarte
como cada despertar, como cada ¡hasta mañana!
solo puedo hacer eso: ¡amarte!
y sentir la distancia cada vez más cercana.
--- ~ ---
Hoy, como ayer, mi niño viene a soplarnos en el viento:

estamos juntos, estamos unidos. Eso será nuestro sentimiento. 

Antes de entrar… dejen salir


Yo he analizado profundamente esta frase, y creo que está escrita al revés. De alguna manera se tuvo que hacer algo antes para poder facilitar la entrada, pues, de lo contrario, no se podría salir. Supongo que todos estamos de acuerdo en que no se puede salir de un sitio sin antes haber entrado.
        Y si no piensa en cuando naciste. Antes de que asomases tu cabeza, o piernas, a este mundo, alguien tuvo que entrar primero. Normalmente tu padre.

            Pues eso, lo que yo digo...

El señor AMINO - Resultados

A MÍ NO me gusta la política. Lo que pasa es que el otro día estaba viendo los resultados de los encuentros de fútbol internacional, por...