Derrame mental LIX



Con esta crisis tan tremenda que estamos padeciendo, mi economía se ha visto seriamente mermada, pasando a ser la econodeotros.  

Son risas y lágrimas

Es bien conocido que es más fácil hacer llorar que hacer reír.
        No dejo de asombrarme como día sí y día también, nuestros políticos aparecen en los medios de prensa con la sonrisa -y casi carcajada- dando sus explicaciones o réplicas a todo aquello que se les pregunta.
        Mientras ellos ríen, otros lloran, sufren. Lo que no entiendo es de qué se ríen. ¿Tanto les cuesta ser un poco más hipócritas y aparecer con un semblante serio y de preocupación? Creo que deberían dejar las risas para cuando nadie les vea, pues dicho sea de paso, motivos tienen para ello.
Y mientras ellos ríen, están consiguiendo que el resto lloremos al perder nuestros trabajos, nuestras viviendas, nuestros pocos ahorros, y en algunos casos ‘desahuciando’ sus vidas de este mundo.

El médico


Tengo un médico de cabecera que es bastante bromista. No hay vez que vaya a su consulta que no me vacile.
Sin ir más lejos, el otro día acudí a verle para conocer  el resultado de unos análisis de sangre que él mismo me había mandado.
¡Es un problema de circulación! –me dijo- ¡Así que te voy a dar un volante! Ahí fue cuando le cogí por el pecho, harto ya de sus tontas bromas sobre mi salud.
Menos mal que me sujetó la enfermera mientras me explicaba que el volante era para el especialista de cardiología.

Sueñamigos


Anoche tuve un sueño o una pesadilla, según cómo se duerma. Andaba últimamente algo apuradillo con unos temas que me mantenían intranquilo. Sutilmente los hice saber, más por el deseo de desahogo que por encontrar algún consuelo o ayuda.
        En el sueño aparecía en una solitaria calle en medio de la penumbra. Cabizbajo. Abatido. Solo.
        De repente una avalancha de gente pasó junto a mí a una velocidad endiablada. Nadie se detuvo, a pesar de que pude reconocer a alguno que creía conocer.

Derrame mental LXV



Siempre he tenido la ilusión de ir a los Estados Unidos, y por fin voy a hacer realidad mi sueño.
        De modo que me voy “Alabama” que mañana tengo que madrugar.

Actualizando monedas


A pesar de que ya hace unos años que estamos manejando la monedita de la discordia, aún no he oído a nadie que dándole igual algo, diga: “A mí eso me la euro”.

Clamando en el desierto

Me imagino cómo se sentiría un cantante tras acabar de interpretar una cualquiera de sus canciones, y tras haber puesto todo su entusiasmo y sentimiento en la misma, no recibir ningún aplauso. Ni siquiera durante el transcurso de su canción.
        O qué sentiría el director de orquesta que al finalizar la suya, no levantase al público de sus asientos.
        O el torero, que tras dar muerte a su adversario, no oye ni silbidos ni palmas.
        O el ciclista, subiendo puertos de dos mil metros a treinta y cinco grados de calor, y no viese a nadie en los dos lados del camino alentando su inhumano esfuerzo.
        O al escritor, que vuelca toda su imaginación en un papel blanco tras otro, hasta conformar un libro que no se llegue a vender más que unos cuantos ejemplares.
        O al entusiasta que publica en un blog aquello que se le ocurre, que mezcla y remezcla entre realidad y fantasía, que tras más de tres mil setecientas visitas desde distintos lugares del mundo desde hace un año que empezó esta aventura, no encuentre apenas cinco comentarios que le hagan seguir sintiendo que lo que hace tiene sentido, que lo que le llega a ese desconocido al otro lado de la pantalla, le ha hecho sentir algo. Malo, bueno, indiferencia… Quizá interesarse dónde poder comprar lo que edita.
        Los que publican los famosos se venden solos. Los que publicamos los demás sólo se venden.
Para eso están los comentarios y el correo electrónico en cada trocito publicado. Para eso o para olvidarlo todo.
 

Discusiones de bares de copas



El otro día mientras discutía con un amigo para no aburrirme, y cuando tras un largo rato por fin logré que tirase la toalla en nuestra absurda conversación, pues en ésa especialmente mientras él iva, yo ya había vuelto, me hizo recordar la siguiente anécdota:
Salí a tomar una copa con mi novia argentina, y no es que tenga otras novias de otros países, si no que es que ésta nació en Argentina.
        El camarero nos sirvió a mi novia y a mí a las veintitrés cuarenta horas de la noche. Mientras conversábamos, bebíamos y reíamos, vimos que habíamos apurado nuestras copas, por lo que pedimos otra ronda.
        A las dos de la madrugada decidimos que ya era hora de retirarnos, y pedí la cuenta. Mi novia y yo tomamos siempre lo mismo: cuba libre de un ron peruano que descubrí en un excelente restaurante.
        Al recibir la cuenta algo no me cuadraba. Siempre nos habían cobrado doce euros la copa. Si las cuentas no me fallaban eran cuarenta y ocho euros por las cuatro copas. La factura era de cincuenta y cuatro euros. Cuando llamé al camarero para que me explicase el importe, fue muy claro: “A partir de las doce de la noche ha entrado en vigor la subida del iva, y de ahí el nuevo importe: trece euros con cincuenta céntimos cada copa”.
        Lógicamente no podía estar de acuerdo. Mis cuentas eran las siguientes: dos copas a trece euros con cincuenta céntimos, eran veintisiete euros… pero las otras dos copas las había pedido antes de las doce, por lo que su precio debían de ser de doce euros.
        Ahí entramos en una discusión acalorada que fue subiendo de tono, pues el camarero decía que debía cobrarme el nuevo precio, que es cuando fui a pagar. Yo mantenía que debía pagar dos copas al precio antiguo, que era cuando las pedí y la subida del iva no era efectiva aún.
        Como quiera que pasamos media hora discutiendo y no nos poníamos de acuerdo, vino el encargado del local e intervino para intentar solucionar la discusión.
        Finalmente hubo una decisión salomónica, pues calculé que desde que pedí las dos copas hasta las doce de la noche, habría tomado dos tercios de la copa, porque yo al principio bebo muy deprisa, para apurar lentamente los últimos tragos. Por tanto aquellos dos tercios irían al precio antiguo, y el otro tercio aplicando el precio ya con la subida. Otra cosa fue calcular el precio de la copa de mi novia, que no había bebido ni la mitad de la misma.
        Al final todo se arregló y nos invitaron a otra copa gratis. Y es que yo no tengo la culpa de tener el complejo de Paco Martínez Soria, por haber visto infinidad de veces cuando era pequeño su película “don erre que erre”.

Se busca portero


El Real Madrid anda buscando un portero suplente para el inamovible titular de la portería blanca.
        Lo único que se espera de él, porque no va a jugar nunca, es que no se salga de sus casillas.

            

Derrame mental LXVI



Antes de terminar de irme, quiero venir,
para acabar lo que no empecé,
para aprender de lo que no reparé,
para creer de lo que dudé,
para amar lo que detesté o no llegué a sentir,
para saber vivir antes de morir.

Derrame mental CXIII


Últimamente estoy muy obsesionado con el sexo. El otro día en una cafetería me pedí para beber un capuchumino.

En sus alas




¿Cuántas veces desperté pensando que era sólo un sueño? Pero nunca lo fue, era realidad. Porque la foto estaba allí, como cada mañana, ocupando su espacio. Alentando mi alma ya cansada, invadiendo mi desdicha, renovando mi desaliento.
Y le vi. Y le vi de nuevo
Invitándome a volar
A surcar los aire con él
Abrazados
En sus alas
Volamos juntos como antes
Imaginando
En sus alas
Soñando nuestros sueños
En sus alas
Imaginando acabado lo que quedó por hacer
En sus alas
Apretándole contra mi cuerpo
Besándole con pasión infinita
Mientras caen algunas lágrimas
En sus alas
Sintiéndonos, traspasándonos amor
El que quedase por ofrecer
El que produce desasosiego
Pero también esperanza
En sus alas
En sus alas de ángel.


Vistas desde mi balcón


Cuando hace ya cincuenta y tantos años me regalaron el piso en el que vivo, nunca pensé que tanta gente iba a venir a visitar uno los sitios en los que más me gusta pasar horas y horas.
        Cuando lo edificaron, los demás pisos iban a ser todos iguales. Su construcción en redondo totalmente acristalada no denotaba nada que llamase particularmente la atención. Pero, según la construcción iba avanzando, fue apareciendo una pequeñísima terraza, que con el paso de los meses, fue creciendo y creciendo.
        No pudo saberse quien o quienes la construyeron, lo cierto es que fue el único piso que la tenía.
        Por allí pasaron todo tipo de personas, todas peculiares, todas distintas. Personas que nunca se detenían a ver el resto de la casa. Sólo el balcón les llamaba la atención: mi balcón.
                Desde allí se ven cielo y tierra, se ven gentes, a su vez, de toda condición,  de todo pensamiento, de todos los colores y etnias. Siempre se ven diferentes perspectivas. Se ven gentes discutiendo, destruyéndose sin saber ni por qué ni para qué. Matándose siguiendo las consignas del poderoso, mientras él descansa en su finca acompañado de un buen puro, de su bebida preferida, de su puta indiferente a quien ni conoce.
Gente que cuando sale del balcón encuentra sentido a muchas cosas de las que hace, que se alegra de que su desgracia no sea tan delicada como podía pensar, que se encuentra más dichosa y agradecida. Gente a la que invade una sensación de bienestar, de sosiego, tras haber departido un rato con mi corazón, con mis conocimientos y mis desconocimientos. Gente que quiere volver para mirar.
        Desde fuera, pero sobre todo desde dentro.

Hojas

Vuelven a caer las hojas
Como sucede por cada Otoño
Como yo caí en aquella madrugada
Aunque entonces fuese primavera.
Volverán a nacer las hojas
Para enseñarnos lo hermosa que es la vida
A eso se agarra mi alma
Como punto de partida.
Su ciclo y el mío se parecen:
Ellas caen y nacen, en otoño y primavera
Yo me levanto y muero
Casi de la misma manera.

El paro



El gobierno, preocupado ante la imposibilidad de controlar el paro, ha aprobado que la “Paroxetina” sea retirada de las farmacias.
Algo es algo.

Recortes


La crisis está llegando también a la Guardia Civil. En vez de tricornio se pondrán unicornio.

Modas

De cuando en cuando se ponen de moda palabras o frases que se repiten hasta la saciedad. Nadie sabe de dónde salen ni quien las ha expresado por primera vez, pero ahí están dando vueltas por todos lados.
        Desde el “O sea”, “Tío”, “Qué fuerte”, “Super chulo”, “No sabes lo que te quiero decir”, “No sé si me explico”, o “yo alucino en colores” hasta la que está ahora de moda.
        Yo aún no sé muy buen el significado que se le quiere dar, pero ya la he oído muchas veces. Sin ir más lejos, el otro día, mientras un grupo de chicas hablaban entre ellas, pude escuchar: ¡Tía, qué fuerte, nos lo pasamos de puta madre! Nos pedimos unas birras y dos raciones, una de jamón ibérico y otra de queso de cabra. ¡Bueno, el jamón no estaba bueno: “estaba lo siguiente”.
        Supongo que se referían al queso de cabra…

Optimismo

Verdaderamente el estado de ánimo en que nos encontremos es muy importante para superar o hacernos hundir aún más en la situación que estemos atravesando.
        Yo tengo un amigo al que no hace mucho le diagnosticaron un cáncer de próstata. Tras comentar con el médico como abordarían el tratamiento, qué sería mejor para su enfermedad, quimio o radio, lo tuvo claro: radio.
        Se pasa el día escuchando los cuarenta principales.

Mercado… y 2

¡Hola a todos nuevamente!
Deciros que ya he vuelto. Estaba todo carísimo, sobre todo la coliflor y los tomates. ¡Del marisco para qué hablar!

Mercado


¡Hola a todos, especialmente a las mujeres!
Quería deciros que vuelvo a estar en el mercado. Si queréis algo, ya sabéis donde localizarme.

Perdón en la madrugada


Un ruido me hizo levantarme en plena madrugada. A oscuras avancé lo más silencioso que pude para evitar despertar a los demás miembros de la familia, que dormían ajenos a lo que estaba sucediendo.
        De repente me topé con algo, con alguien, con él. Allí estaba, quieto, en silencio, desorientado, sin saber dónde había quedado el tiempo, los espacios, el mundo…
        Le pregunté susurrando qué hacía allí, pero no supo responderme. Sólo acertó a decir ¡lo siento! ¡perdóname!
        Le acompañé a su habitación mientras le llevaba del brazo. Le dije entonces ¡perdóname tú a mí por las veces que no llego a comprender ese mundo irreal en el que vives o tal vez sueñas!
        Sabía que no me había oído debido a su sordera, pero aquellas palabras resonaban en mi cabeza mientras volvía a mi habitación, e hicieron que mis lágrimas escapadas encontraran el consuelo por la incomprensión hacia esa terrible enfermedad que es el Alzheimer.

Derrame mental CX


No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita – dice el refrán –.
        Me preocupa la cantidad de infelices que habrá por el mundo con ésa carga a cuestas.


El señor AMINO - Resultados

A MÍ NO me gusta la política. Lo que pasa es que el otro día estaba viendo los resultados de los encuentros de fútbol internacional, por...